25 septiembre, 2014


El aprendizaje, la libertad y el amor tienen fuertes puntos en común, uno de ellos es que demandan un rol activo de la persona.

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22 de septiembre de 2014

Las miguitas de Lucía


Lucía niña, concebía el tiempo de una forma muy particular. Para ella, el tiempo, eran miguitas de pan. Migajas que guardaba y cuidaba celosamente.
Lucía niña juntaba miguitas por doquier y guardaba esos fragmentos de tiempo en una bolsa de papel que atesoraba entre sus manos niñas.
Más tarde, ya grande, descubrió Lucía que la vida no son miguitas y solo se dedicó a acumular vivencias que no podía poner en ninguna bolsita.

17 septiembre, 2014

Desenfocarse para ver

Para hacer una buena fotografía, solía bromear Tellería, baste con olvidarse del sujeto principal y con obsesionarse con toda una infinidad de detalles de encuadre, perspectiva, enfoque y desenfoque, significantes primarios y secundarios, de profundidad, entre otros... estimaciones y consideraciones que nadie se detiene a ver jamás.
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Del libro Desenfocados de Carlos Alberto Tellería
17 septimbre de 2013
CABA

11 septiembre, 2014

la antesala del horror



Son las 16:15, bajas del subte, estación Ángel Gallardo. Subis la escalera y el sol te acaricia el rostro, cerras los ojos y te dispones al disfrute… pero hay una vocecita en el fondo, como un eco remoto y molesto justo ahí, cerquita del lóbulo temporal. El sol sabe a despedida y lejos de reconfortarte te inquieta. Qué me pasa? suelo disfrutar el sol. Solo basta con cerrar los ojos y levantar la cabeza un poquito, como si uno quisiera oler algún aroma celestial. Pero el artilugio parece haber perdido eficacia. Caminas con el sol de adorno, pero un adorno lejano que no te afecta. Algo grave sucede. 

16:20 hs. Llego y toco el timbre. 
- Una puerta con rejas cerrada con llave desde adentro, de verdad? frunzo el el ceño y te me digo que no es la mejor carta de presentación para un dentista. 
- Alguien ha querido escaparse, claro que si - Te me digo sonriendo… pero lo pienso dos segundos y la risita se me va...

- Quien es?

Para responder pienso en la voz que adjudicaría a Zeus, a un olímpico, tal vez Hércules u Odiseo. Pretendo poner voz de hombre seguro y poderoso, pongo empeño, intente ante todo no delatarme y que no tiemble la voz, intento fingir una emoción no afectada y sonar natural, y sin darme cuenta hago un gestito pelotudo con la mano derecha, como levantándola y saludando alegre:

- Tengo un turnito 

No te la puedo creer, puse voz de eunuco!!!!! turnito????? detesto los diminutivos… que me pasa???? Mantenete sereno, seguro, supremo… a quien quiero engañar: estoy aterrado.

Se escucha la voz nuevamente:

- Apellido

- Mar...asesn basen trajen (intento que no me entienda)
- Ahí te abro
- Que lo parió!!!!

Se hace un silencio de ultratumba. Y empiezo a sentirme helado.

Se abre la primer puerta y aparece una mujer joven. 

- Hola, cómo estás - digo forzando una sonrisa… y otra vez el gestito pelotudo con la mano. 

- Y si - me digo - como era predecible… la puerta del infierno es de madera tallada y las recepcionistas parecen azafatas… A quien esperaba, a Caronte???? Lo se lo se, es como un canto de sirenas, un engaño. Ya estoy adentro. La puerta se cierra y me creo ver una inscripción latina harto conocida, repito en voz baja:

"Por mi se va a la ciudad del llanto; 
por mi se va al dolor eterno; 
por mi se va a la raza condenada. 
La justicia animo a mi sublime arquitecto, 
me hizo la divina potestad, 
la suprema sabiduria y el primer amor. 
Antes de mi no hubo nada creado, 
a excepcion de lo inmortal, 
y yo, duro eternamente. 
Oh! Vosotros que entrais, abandonad toda esperanza " 

Vuelvo a mirar y decepcionado descubro que no es latín, sino apenas una propaganda de una reconocida marca de cepillo de dientes.
Igual lo se: ya no hay salida.

1, 2, 3, 4, 5 escalones de altura convencional. Entro a la sala de espera. Sala de espera, hijos de puta, "sala del que desespera" sería más exacto

- Carnet? - me dice sin despegar la mirada del monitor cuyo fondo de pantalla es una foto vertical de la misma puerta con rejas cerradas desde adentro que acabo de atravesar. 

- Qué clase de narcicismo infernal es este, de eso se trata, no? de doblegarme psicológicamente. Un deja vu. Ya entré, no es necesario que me recuerdes casi con burla mi error. Empiezo a agitarme. Estoy hiperventilando. Le doy el carnet de la obra social sin emitir palabra.

- Le voy haciendo la ficha de primera vez, ya viene el dr. 

- Que tarde, no voy a ser tolerante con la espera, pero no hay problema, que tarde, que tarde puedo volver otro día o nunca… que tarde, no hay problema - Me digo para mi mismo.

Sonrío artificialmente y me resigno al gestito.

Son las 16:24 y me desplomo sobre una silla.

Miro a mi alrededor, estoy solo. Solo con la sierpe que finge escribir y llenar una fichita.
Me mira. Sonrío artificialmente y otra vez el gestito.

Hay cuatro sillas, sobre un lado, de a pares, separadas por 2 metros. Dos pantallas rectangulares, de esas que alumbran desde abajo, de luz blanca aunque cálida. Al frente de las cuatro sillas, un sillón antiguo de madera. Al fondo, una chimenea sobre la que hay… me están jodiendo, no? un Buda y velas aromáticas? Qué clase de mosntruo es éste tipo. Budismo Zen??? si necesita tantos elementos externos que transmitan paz, la conclusión es clara: es un violento, es "la bestia"…

Sigo agitado. Miro nervioso a los lados. 
- No hay salida. No hay salida - Me repito
Sonrío y el gestito - La harpía vigila.

Miro a los lados, busco alivio en alguna parte pero en su lugar me encuentro con una puerta entreabierta. Parece una película de terror. Una puerta entreabierta y tras ella no está el cadalso, que sería preferible, sino el silloncito con los elementos de tortura preparados. Creo desmayarme. Una puerta entreabierta, como una invitación, como una provocación: es la antesala del horror. No hay dudas.

Quito la mirada con urgencia, busco alivio, y caigo en qué… en una propaganda de Corega!!!!. Detesto Corega, la palabra, como suena, su estética gramatical y su metáfora. Me he roto los dedos intentando despegar prótesis antes del VNI…

Respiro hondo, y el Satori???

Me hago pequeño, me reduzco a nada, el cuarto crece enormemente, inabarcable. Entonces escucho el ruido agudísimo del torno. Qué serán? 30.000 o 50.000 RPM?... Me pregunto, en un intento de distraerme, a cuanto gira el aparatito endemoniado. Tantas vueltas y tan rápidas me dan vértigo, lo imagino girar y girar, al rojo vivo, impactándose casi sin aviso y con inusitada, aunque comedida, violencia sobre las raíces nerviosas expuestas de algún premolar o molar que agoniza... junto hombre al que pertenece. 

Palidezco, me siento nauseoso, siento el estómago vacío. Estoy helado, hago una crisis de ausencia.













Al recobrar la conexión con el medio, pienso en el espectáculo que estoy dando. Verme desde afuera debe ser como una comedia, cuando menos, bochornosa

- Está bien señor? - Pregunta Bárbara, la secretaria

Harpía, sierpe cómo me preguntas si estoy bien? no escuchás, acaso? qué, sos complice, no??? si... sos complice… a mi no me engañas, estoy acorralado... ya me engañaste… y me decís señor? de cual de los círculos o semicírculos del infierno te saliste, monstruo! Estoy preso, preso de una paranoia que me agita, con la mirada inquieta y nerviosa, solo atino a asentir con un movimiento afirmativo de cabeza. 

Esto como vaticinio de lo que vendrá. 

16:28 hs. El “Dr.” se digna a bajar... parece un tipo normal… pero no me engaña, qué esperaba? al diablo a cara descubierta? soy tan ingenuo a veces!!!!!! - Me digo aterrado

Le doy la mano. Supero el horror y lo miro a los ojos, le aprieto fuerte la mano, para demostrarle mi poder… yo también soy “dr" pienso satisfecho... Pero el tipo sonríe ameno. Estoy perdido, el tipo está tranquilo, es un profesional del tormento. Sabe que estoy jugado, expuesto, peor que desnudo, eso le da poder, mucho poder. Estoy aterrado.

1, 2, 3, 4, 5, 6, 6, 8, 9, 10, 11, 12 escalones y entro a la Salamanca. 

- Sentate, por qué venís?

Debo estar bajo la influencia de algún hechizo, me siento sin preguntar o chillar.

- Hace mucho que no voy al dentista, quiero tener uno de cabecera para seguirme semestral o anualmente.

Qué dije? yo dije eso? eso salió de mi? ya se que es mi boca, mi voz… pero me refiero algo más profundo: yo pienso y creo eso? estoy poseído, no hay duda: mi alma ya no me pertenece. Mi alma por un solo bono de Dosuba. 

Estoy indefenso, con los ojos bien abiertos, casi tan abiertos como la boca. El monstruo comienza el ritual. Se pone los guantes, una cofia y un barbijo bajo el que esconde sus rasgos infernales, sus gestos. Solo sus ojos pueden verse. Pero eso basta, es más que suficiente, todos los infiernos se conjugan en esa mirada. Con una mano dirige hacia mi una luz blanca que me ciega. 


Es el final. Lo se.


No veo nada, me duelen los maseteros y la articulación temporomandibular de tener la boca tan abierta. Salivo como un perro hambriento. Mirá mis dientes desde adentro, con un espejo, busca puntos débiles, encías frágiles, raíces expuestas a las que pinchar. De pronto escucho el ruido, pero esta vez estoy ahí. No son los dientes ni las encías ni los nervios de otro, sino las mías y muy mío va a ser el dolor que se viene. Vulnerable, me siento muy vulnerable. Pone un aspirador en mi boca, va a correr sangre… mi sangre. Alcanzo a ver como un gancho de 2 cm, algo así como un anzuelo. Que vibra, lo veo vibrar muy rápido lo escucho vibrar muy rápido. Y el ruido, el ruido es un tormento. Se acerca, el sonido se acerca. De pronto siento como impacta sobre mis incisivos inferiores, mi incisivo inferior izquierdo y torcido al que tanta ternura le tengo. Vibra, ultrasónico, sobre el esmalte. Baja y toca esa partecita de diente justo antes de la encía, justo esa partecita que duele como un puñal. Vibra sobre ella y una corriente, como un relámpago me recorre desde mi incisivo inferior izquierdo hasta el dedo gordo del pie derecho. Sabe que sufro, lo leo en sus ojos. Parece disfrutarlo, estoy indefenso. Otra vez el relámpago y el dolor. Siento gusto a sangre. Estoy sangrando y el aspirador no alcanza. Trago mi propia sangre, se me revuelve aún más el estómago. Me percato que se me estan cayendo las lágrimas. Lloro de un ojo, que lo parió. Me llora el ojo derecho. El estímulo doloroso es tan intenso que sin darme cuenta mi ojo derecho llora, de forma refleja y silenciosa deja caer sus lágrimas en una protesta anónima, nunca anodina, de la que nadie más que yo se percata. 

- Enjuagate - me dice

Estoy temblando como una hoja. Tomo un poco de agua, me hago buches y escupo sangre. 


16:35 hs. Estoy de regreso.