05 mayo, 2014

teoría y práctica de la pesca con mosca...


Allí lo observo, parece ajeno al agua helada del río 
Algunos sauces descansan sus hojas sobre el agua agitada y juguetona.
Allí lo veo y no deja de sorprenderme el universo que esconde dentro suyo.
Vellmount detestaba la pesca y sin embargo allí está. También es cierto que Vellmount odiaba los partidos de football.  A decir verdad Vellmount también odiaba las carreras de Tc 2000, la caza, la fórmula 1, el tenis, los superclásicos y sentía un tedio proverbial con las películas, las series y los video juegos... entre otros muchos.
Pero eso es tema aparte. Nos ocupa la pesca.
Vellmount detestaba la pesca, pero solía ejercerla con asidua y desconcertante frecuencia.
Aún siendo catalogado como deporte, Hernán sostenía que la pesca reúne más características de un arte o de una ciencia, que de un deporte propiamente dicho. 
Vellmount, en uno de sus textos laberínticos, describe algunas de las características de la pesca. Aquí, a forma de resumen, hago mención de algunas de esas características, que a mi entender son dignas de ser mencionadas. Aquí vamos: paciencia para esperar el pique, concentración para mantenerse enfocado en la boya o el señuelo, entereza mental para sobrellevar, sin destruir la caña y revolear el mediomundo, las jornadas interminables sin éxito que contrastan con el pique asiduo del que está a dos pasos nuestro, tacto finísimo para interpretar cambios ínfimos de tensión en la tanza , delicadeza, gracia y armonía en los movimientos combinada con la capacidad de reaccionar de forma explosiva y breve ante el pique, suavidad para desplazarse por el agua casi sin hacer ruido, manejo multivariable que permita un riguroso análisis del viento, la temperatura, la luz solar, las corrientes de agua, la sombra y las profundidades, un marco teórico adusto que incluya la flora y la fauna regional, conocer los peces y sus gustos alimentarios, una noción espacial privilegiada que permita dirigir, de un solo golpe de mano, la línea hacia el lugar que se desea, autocontrol porque siempre y en todo se requiere, entre otras virtudes, fortaleza física para soportar las agujas del frío en las manos y el rostro y la austeridad del terreno y del clima. Estos son apenas un recuento somero, a modo meramente informativo. 
Me tildará de demente, quizás no se equivoque, pero en ninguna de las anteriores se encuentra el fundamento de esa anomalía tan cierta en Hernán. 
Todos tenemos alguna contradicción, dirá usted. No... Vellmount se rige por la más rigurosa lógica ... Dirá también que es una lógica muy particular, espiralada, cuando no enroscada y recalcitrante y tan propia, pero tan propia que resulta extraña, incluso ilógica e inentendible, para terceros.
Usted verá, Vellmount solía salir de pesca, no por lo antes dicho, como ya le he dicho. Vellmount atesoraba la soledad del pescador, principalmente del pescador con mosca. Solía buscar un río alejado, con un paisaje que fuese un deleite, se ponía los pantalones de pesca y se metía, se internaba, poco a poco hasta que el agua le llegara justo a la cintura. Así, en ese acto de contenido más metafórico que real, se alejaba, y en un gesto casi taoista se desprendía de todo y de todos. 
Lo cierto es que Vellmount, como todos, fingía... pero fingía pescar. La verdad es que nunca había pescado un solo pez, le parecía aberrante el lastimar a un pobre bicho solo por diversión u ocio y dudaba con rigurosidad de la integridad afectivoemocional de los que alcanzaban el zenit del estímulo sexual comtemplando un surubí. Fingía pescar, solo llevaba la caña, el riel y la tanza con una pequeña plomada brillante y colorida. Era un pretexto para los otros y para sí. 

- Nunca se está lo suficientemente solo - decía, con una cara en la que se entremezclaban una sonrisa de serenidad y con pizcas, ciertas, de mesurada preocupación.

Dr. Roberto Lambertucci
4 de Mayo de 2014