18 noviembre, 2012

Carta de Vellmount a saposaraso...

empty universe


Capital Federal - 18 de Noviembre de 2012




Sabés que cuando Fortunato hizo la lista, no recordaba elno prince no rose.


Vengo a recordarlo hoy, justo hoy en que mi universo se siente vacío de príncipes y rosas.
Y en cierta forma, esta causalidad viene a acompañarme un poquito, te trae cerca, te hace cruzar el charco.
Te cuento que hoy necesitaría caminar con un globo rojo por capital bajo la lluvia, descubrir el Ateneo.
Sabés, es un domingo lluvioso, como el primer domingo en el que nos encontramos en retiro. Recuerdo que bajé del costera y caminé algo perdido, hasta que te reconocí... cómo no hacerlo: estabas ahí, parada, con tu globito rojo bajo la lluvia.
Ya sabía leer las almas, sus insinuaciones más sutiles y ya había descubierto la magia en vos, por tus dibujos, e incluso ya la fomentaba.
Pero en aquel domingo me mostraste algo que desconocía, que tal vez sospechaba, pero que era apenas era algo incierto y remoto.
Aquel domingo en el que perdí un guante de lana me ayudaste a ver que yo también era capaz de la misma, que era capaz de la magia.
Y yo empecé a practicar, empecé a estudiar, empecé a borrarme las idioteces que me enseñaron en la escuela y en la universidad, desaprendí y practiqué tanto que hoy no reconozco a la gente o las cosas.
Y sabés, hoy quiero contarte y me animo a decirte que me he vuelto un mago... un mago del clan de los magos con globito rojo bajo la lluvia, no se si de tu calaña y grandeza... pero mago en fin.
Sabés, sapo, hoy necesitaría sentarme en la plaza del ángel gris con vos y contarte que aprendí de tu magia y que ciertamente la ejerzo.
Ahora si, te tengo una crítica... sabés que es una de mis especialidades.
Pedazo de bestia, me dejaste tu libro de magia, me generaste la duda, pero nunca dijiste que la magia doliera... a veces mucho.
Ya sabía que el pensamiento y la reflexión a veces duelen, sabía que la sensibilidad extrema, la que es propia de quien intuye almas dolía enormemente, el análisis filoso a veces duele, incluso la locura más loca a veces duele.
Pero que la magia dolía???
Supongo que en tu visión distorsionadamente positiva sobre mi persona diste por hecho que mi naturaleza reflexiva y analítica, como decís, presupondría esta verdad... y ciertamente lo hacía, pero de forma meramente teórica. El dolor teórico no duele, al igual que el recuerdo del fuego no quema.
Ensayaste dos o tres sesiones prácticas, pero yo estaba dormido de tan cansado o cansado de tan dormido. Recuerdo fragmentos parcheados de tigre, de trenes, de Sabato, de Santos lugares, y tengo la certeza de que me hablabas sobre esto, intentabas advertirme sobre este particular. Pero estaba dormido, estuve dormido y triste el año pasado y no podía escuchar ni aprender.
Se que vale la pena, sapo, se que vale la pena.
Vale la pena por ejemplo convertir un cruce de miradas en un mes de complicidades maravillosas, en un mes de belleza y ternura... pero hoy, justo hoy duele o al menos cuesta.
Ya se, ya se... bancate la magia me dirás. Y a pesar de que no me enseñaste como hacerlo, no me desaliento, sapo... Tengo espaldas de sobra, ya sabés eso.
Sabes? tengo en mis manos tu dibujo del “no prince no rose” y te siento cerca, incluso te escucho hablar y reír, y eso hace el universo un poco menos vacío, al menos en el día de hoy.
Me mantengo informado. Se que sos plenamente feliz. Y eso me hace sonreír y hace tolerable la distancia, amiga. La hace tolerable sobre todo en domingos muy domingos como el de hoy.
Te mando tres abrazos, que no entran en la puta botella que ha de cruzar el río de la plata y llegar a Lucho, a Dante y a vos.

Hernán


Amistad

Creo que la verdadera amistad,
es menos frecuente de encontrar que un tesoro…
y que este no nos corrompa y domine…

Soy conciente de que ese pequeño grano,
en apariencia insignificante,
de amistad verdadera encontrado,
en medio de todo un inmenso arenal,
pesa más que el peso mismo de toda la tierra…

Soy conciente de que el valor de la verdadera amistad
es inversamente proporcional a su frecuencia…
y que esta última es infinitamente pequeña…

Soy conciente de que su pureza
no se mide en vulgares kilates…
estoy seguro de que se mide en milagrosos momentos.

Se que solo desnudo mi alma frente Dios,
porque es inevitable…
pero solo desnudo mi alma
y me siento a gusto
frente a ese que considero mi amigo…

Creo que la verdadera amistad,
una vez forjada,
es capaz de tolerar cualquier cosa…
y resistir intacta y sublime…

Creo que la verdadera amistad
alcanza su mayor expresión
cuando puede hacer frente,
incluso,
a la idea universal de la muerte.

Adolfo Lescano
19-09-07