09 diciembre, 2011

la libertad de las aves...

la libertad de las aves...

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Allí lo veo, despojado de toda pertenencia material, cargando con apenas unos pesos que servirán, con suerte y buena voluntad, para mitigar el hambre siempre puntual.
Allí lo veo, sin más ropa que la puesta,  un viejo sweter que ha de ser el único abrazo que lo cobije del metálico frio de la noche, con suerte algún reparo hará de refugio protegiendo ese cuerpo cansado de las impiedades climáticas.
Allí lo veo, con una bolsa andrajosa escondiendo vaya a saber qué misteriosos tesoros.
Allí lo veo, un cachorro juguetea en su proximidad, le brinda un esbozo de mimo, una caricia sincera y cálida, quizás la única que reciba en meses, quien sabe.
Allí lo veo, con la mirada plomiza perdida o encontrada, me pregunto qué fantasmas transitan por su pensamiento.
Allí lo veo, sin nada y con toda su pobreza.
Allí lo veo y comprendo, al verlo partir, que el mundo le pertenece.


Este texto breve pertenece a Hernán Vellmount. Fue encontrado en uno de sus tantos cuadernos de viaje. Al parecer Vellmount tuvo contacto con el vagamundos de la foto en una estación de servicio sin nombre ni lugar, mientras hacían una pausa y buscaban alivio del calor que azotaba y sobrecalentaba el motor de la chevrolet 80 en la que viajaban.

[...]mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta...[...]

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03 diciembre, 2011

la edad de la ignorancia...

- un error irreparable en la edad de la ignorancia.
[...]
- A esa edad es cuando la gente se casa, tiene el primer hijo, elige su profesión. Un día sabrá y comprenderá muchas cosas, pero ya será demasiado tarde, porque su vida habrá tomado forma en una época en que no sabía absolutamente nada. 


La ignorancia - Milan Kundera
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11 noviembre, 2011

del culo al alma...

Lescano, perdiendo toda mesura literaria le soltó a la morocha:

- Señorita, entienda bien que esto nada tiene de vanidad... y sepa que usted me gusta desde el culo al alma, y viceversa... también un poquito más.

Se hizo un silencio espeso, apenas llenado por los ojos abiertos de una mujer desconcertada, silencio de esos que convierten en mercurio el tiempo... un silencio solo interrumpido por un tímido estallido, que adornó con cuatro dedos la mejilla izquierda de Lescano.

Entre conmovida y sorprendida, la morocha, se echó a llorar mientras corría y ya nadie supo de ella.

06 noviembre, 2011

Un órgano de la divinidad...

Órganos de la divinidad

Es harto conocido el trasfondo místico y su vínculo estrecho con lo espiritual que popularmente se concede a los gatos. Siempre hay gatos en los cementerios, las pitonisas, brujas y una que otra vecina suelen tenerlos, lo que resulta evidencia definitiva para confirmar el carácter ultraterreno y aterrador de estos bichos.
Recuerdo que en varios pueblos escuché decir que estos animalitos tienen el don o la condena de percibir las ánimas. Es así,que un escalofrío recorría el cuerpo de esos pueblerinos cuando un gato se espantaba sin una causa aparente.

Lo cierto es que Vellmount, en uno de sus desvaríos, sostenía que estos bichos no veían las ánimas... que era un error conceptual, una falacia.

Recuerdo que un día, en una plaza, mientras Tellería perfilaba la mirada hacia unos gatitos para hacer unas fotos, Vellmount se quedó varios pasos atrás congelado.
Quien lo hubiese visto, a juzgar por su mirada, no hubiese dudado que había visto al mismísimo mandinga.
Claramente se lo notaba conmovido, impactado... estaba pálido y un aspecto marmoreo como si hubiese muerto de tanto horror resaltó las ojeras de su cara.

- Qué pasa, Hernán... parece que viste un fantasma - Preguntó Tellería algo sorprendido.

- Tellería, alejate... vení... que no te miren, pelmazo!!! no levantes la perdíz, che!. Vení, te digo...
- Qué pasa, Hernán... Me estás asustando - Replicó Carlos, mientras disimuladamente miraba alrededor intentando encontrar la fuente del espanto.,
- Esos demonios peludos... esas pérfidas quimeras son órganos de la divinidad, Dios y Diablo... ven las almas no las ánimas... Así, la divinidad ultraja y se entera de la intimidad más íntima de cada ser vivo o muerto.... tienen la virtud de apropiarse de cada secreto, por recóndito que sea con una sola mirada... - expresaba un Vellmount claramente afectado.
- Pero qué decís, Vellmount... Dejate de joder y vení, acercate...
- Es un horror, Tellería... es un horror tan claro y no lo ven... las palomas y los gatos van acabar con la humanidad... cuando nos demos cuenta, va a ser tarde... acordate de lo que te digo... va ser tarde - susurró Vellmount mientras rajaba aquella plaza.

Roberto Lambertucci

30 octubre, 2011

La memoria de los estanques

La memoria de los estanques

A diario observamos fenómenos semejantes sin que lleguen a conmovernos de tan cotidianos. La evidente naturaleza mágica del mundo, cada milagro que se produce frente a nuestros ojos, adormecidos y altaneros, es aniquilado y reducido a una obtusa explicación causal y fenomenológica que aturde los sentidos y embota el alma, vedando al hombre de una fracción suculenta de placer y deslumbre. 



Por ejemplo, una estrella en el firmamento es el destello remoto de un cuerpo que ha estallado hace larguísimo tiempo. Esa trémula luz es el testimonio vivo y milagroso de una existencia pasada. Sin embargo son escasos los seres humanos que se estremecen bajo el amparo de una noche estrellada. 

Se había perdido mirando un reflejo insignificante, en un estanque pequeño de agua mansa y algo turbia.
Julieta volvió la mirada estupefacta.

Se sorprendió al ver que el objeto que daba origen a aquel reflejo, desafiando las rígidas leyes de la física, ya no estaba. Estaba frente al reflejo de un árbol ancestral que había sido derribado hace años.
Un escalofrío bajó por su contorneada espalda, estremeciéndola integra e íntimamente. 

- Es conmovedora la memoria de los estanques - Susurró Julieta entre asombrada y nostálgica. 

Inútiles son los esfuerzos por alcanzar la inmortalidad... 
en nuestra estupidez no hemos comprendido que estamos estrictamente condenados a ella. 

Cada cosa bajo este firmamento deja su marca, voluntaria o involuntaria, se eterniza en la memoria de otro ser o, cuando menos, se graba en la memoria de los estanques que han aprendido a no olvidar. 

Dr. Roberto Lambertucci 

Este texto fue escrito por Lambertucci y engorda el volumen 3 del arte de la invisibilidad , incluye fragmentos de vivencias de Julieta y fragmentos de algunos escritos de Vellmount. El paso del tiempo, consecuencia de la memoria o la memoria consecuencia del paso del tiempo solía atormentarlo.


14 octubre, 2011

exilio...

Exilio...

Lo cierto es que quedó deslumbrado con ese páramo remoto y según se dice compró un lote humilde y ya no quiso volver a la gran urbe...
Al parecer el tal Brodsky se perdió en el Tigre.
Según diversas opiniones se perdió entre la bruma de una mañana agitada y el silencio de una noche de luna blanca. Decidió perderse, claro está.
Algunos escépticos dicen que no toleró la hiel del exilio,y que se devolvió la paz con una esquirla cónica de metal que todavía zumba y que yace en las profundidades del Delta, remoto y lejano.
Quien sabe.
Nadie jamás volvió a verlo.
A mi me gusta creer que Brodsky, exiliado de su tierra y de los hombres decidió fundirse con el sol, regresar al tigre cada mañana con el amanecer y despedirse en cada atardecer.

Vellmount suele nostalgiar las charlas que con el se fueron. A veces se lo ve recorrer el delta, próximo el atardecer. Se detiene, como si esperara que la caricia del ocaso trajera de nuevo la voz ronca y añeja de Brodsky.
Nunca supe si volvieron a encontrarse.
Me gusta creer que si lo hicieron...



Roberto Lambertucci 
Sobre Theodore Brodsky

08 octubre, 2011

Reflexiones

“El poder, aunque ni bueno ni malo per se, lejos ha de estar de ser una fuerza neutra y a mi humilde entender tiende al abuso. Es así que la verdadera inmensidad de un hombre poderoso puede valorarse por la relación que dicho ser establece con el poder. Cuando el soberano es débil, aunque por fuera se muestre fuerte, es el poder quien manda siendo el abuso su inevitable consecuencia, floreciendo el soberano consumido en la más pérfida y obstinada mezquindad mientras que el pueblo naufraga en la pútrida desidia del olvido y la acefalia. Cuando el soberano tiene férreas convicciones y su fortaleza ha sido forjada con paciencia y perseverancia es éste quien reina sobre el poder y el pueblo, no solo el soberano, florece en la armonía de una próspera sociedad.”


Cápsula del tiempo y del hombre – 1957 - Theodore Brodsky

Esta cita la encontré en uno de los tantos cuadernos de Vellmount, anotada con lapiz y con cierto apremio a juzgar por el trazo inclinado de la letra. Busqué y rebusqué, pero jamás pude dar con un libro o una referencia sobre el tal Brodsky.

Roberto Lambertucci

28 septiembre, 2011

cotidiana...

Sus pies iban hundiéndose, poco a poco, en la trama suave de aquel arroyuelo innominado. Siguió su cause un buen tramo hasta que las piedras, que hasta el momento eran pequeñas e inofensivas, se hicieron grandes, algunas de ellas filosas. Los pimientos de la orilla acariciaban su pelo vivo de viento y sol. 
Julieta, caminaba extasiada por la brisa y el reflejo que cegaba sus ojos y agudizaba su alma: la libertad la embargaba y rebalsaba. 
La piel rosada de sus pies fue desgarrada por una de las piedras, hundiéndose ésta en la profundidad de su carne. Apenas se percató, siguió caminando ajena al dolor y a la sangre que comenzaba a brotar, tiñendo poco a poco la totalidad del río cuesta abajo. 
Ya de noche, las luces de los coches resaltaban las contorsiones del paisaje, apareciendo y desapareciendo en medio de un silencio casi sepulcral si uno se olvida del estruendo continuo del rio. 

Con las estrellas como única fuente de luz, regresó por el costado de la ruta hasta la carpa y allí se quedó dormida, cobijada por las últimas brasas de una fogata ya moribunda.

25 septiembre, 2011

el drama del sapo y la princesa

Vellmount descreía de los cuentos de hadas. Miraba con un filoso recelo las historias rosamente felices y, ciertamente, las perdices le producían indigestión... cuando no, flatulencia. 
Es así que entre sus textos perdidos figuran muchos clásicos con adaptaciones propias de este ser tan particular. 
Hoy particularmente se me viene a la mente una versión. 
La del sapo y la princesa. Para Vellmount la maldición del cuento exigía cierta recíprocidad y renuncia. Es así que en los fragmentos del cuento que he podido rescatar, cuando la dama desengañada y desencantada besa al sapo, éste se convierte en un príncipe maravilloso... pero la maldición exige un sapo, siempre se exige un sapo. Es así que la princesa, al besar, se convierte toda ella en sapo.* Sobreviene un nuevo desencuentro. Para este ser el drama no se gesta antes del beso, sino que comienza con el primer roce de labios.
El tiempo pasa, el príncipe se desenamora y desengaña de todas las princesas y vuelve al sapo, lo besa y éste se convierte en una maravillosa princesa... pero siempre se exige un sapo, es así que el príncipe encantador se vuelve sapo. Esa es la condena que comparten, el desencuentro. A pasar una y otra vez del estado sapo a humano, humano a sapo sin coincidir en el estado sapo o príncipe jamás. Se embarcan en una búsqueda que no tiene fin, la del amor ideal, sin darse cuenta que tienen frente a ellos el amor real.

Quizá la moraleja que nos quiera dejar es que habitualmente una princesa puede amar a un sapo y un sapo a una princesa... El amor color de rosa existe solo en los cuentos.


Los desencuentros son tan frecuentes en el amor que muchas veces le hacen pensar a uno que son su regla.

También es cierto que en su delirio no nos quiera decir nada o bien nos advierta que que besar sapos en exceso puede ser perjudicial para la salud.

Vaya uno a saber.

*En algunos ensayos menos felices la princesa, al primer beso, se convierte en yarará y se lastra de un solo mordisco al príncipe sapo o bien se convierte en mosca y deglutida por el batracio incapaz de controlar su voraz apetito.



Dr. Roberto Lambertucci
El arte de la invisibilidad 

11 septiembre, 2011

- Miro la luna, llena, que se eleva en silencio sobre el horizonte de cemento y no puedo evitar recordarte.
- Miro la luz de un avión que se desliza suavemente surcando el firmamento y no puedo evitar recordarte…

- Abro la ventana y el crujido del pestillo deslizándose me lleva a recordarte…

- Adolfo, dejame resumir tu situación asi puedo dormir: no dejo de pensar en ella – musitó Vellmount a un Adolfo, que conmovido y pensativo, afirmó con un gesto de cabeza.

26 mayo, 2011

Santos Lugares

Santos Lugares


Vellmount agradeció al chofer y bajó del Costera de un salto. Casi resbaló al pisar un fango pastoso, tejido con hojas secas algo descompuestas, tierra y agua.
Cruzó de inmediato, casi corriendo. Quien lo hubiese visto podría afirmar que llevaba prisa, como si fuese con el tiempo justo, como si lo estuviesen esperando.
Divisó el ferrocarril General San Martín. Al pasar, tomó del brazo a una mujer que con sorpresa y sobresalto giró la cabeza. Los ojos, primero nerviosos, se encontraron con una mirada conocida cuyos motivos no cuestionaron.
Ella no dudó. Al menos al principio. Cuando el misterio es grande la curiosidad nos impide cuestionar.
Vellmount sacó los boletos, mientras ella leía los destinos intentando adivinar.
Pronto el traqueteo del tren en un domingo gris y lluvioso se convirtió en una música que colmó el cada resquicio de nostalgia viva y poesía algo oxidada.
Prepararon mate, que acompañaron con unos bizcochitos de grasa.

La volvió a tomar del brazo con suavidad pero con cierto frenesí. Bajaron en la estación de Santos Lugares.
La lluvia, obstinada, no quería ceder y se empecinaba en reforzar el paisaje de invierno.

-Este era el refugio de Sabato – dijo Vellmount, mientras caminaban por la Av. La Plata, camino a la iglesia local – Aquí intentaba curarse del mundo y sus tormentos. Todos necesitamos un refugio, un brazo amigo... pero es cierto que cuando se abren ciertas puertas, cuando se traspasan ciertos límites el horror es tal que el alma se vuelve gris, envejece y se desgasta vertiginosamente.

Se quedo en silencio, con la mirada perdida y agregó:

- De la misma forma que no puede limpiarse un taller mecánico sin llevarse puesta una mancha de grasa o aceite, aunque sea ínfima... de la misma forma no se puede visitar el infierno y pretender salir inmaculado... Los grandes hombres lo saben y aceptan ese módico precio, cierta cuota de corrupción, el propio horror y tormento en su lucha por la verdad y el bien de la humanidad.

Hizo otro silencio y dijo:

- A la vuelta podemos pasar por el Club Defensores de Santos Lugares y buscamos la casa/refugio – Agregó haciendo un gesto y señalando con un grueso libro, sin desviar la mirada.

Ella asintió, entre tímida y emocionada, mientras abrazaba su mochilita gris que se mimetizaba con el día.

Recorrieron la iglesia de Nuestra Sra. de Lourdes. Luego visitaron el club deportivo y buscaron, en vano, algún indicio de la casa del Escritor, sin dar con ella.

La lluvia cobró vigor y el frío empezaba a colarse, con las gotas, a través de la ropa y prometía colarse por la propia piel hasta los huesos.

Estuvieron un rato más, caminando bajo la lluvia y volvieron sobre sus pasos.

Ya en el tren, Vellmount, sacó el libro. Se trataba de un ejemplar barato de Sobre héroes y tumbas. Acarició la tapa con cierta nostalgia. Lo abrió cerca del final y leyó en voz alta el Canto de Lavalle.
Jamás había podido leer el canto sin derramar algunas lágrimas, sin embargo...

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Este sería uno de los primeros viajes (cortito, por cierto) compartidos por Laura Arcamone y Vellmount.
Más tarde ella se alejaría, errática y caótica, a veces atormentada, comenzaría su búsqueda, buscaría su casita en su propio “Santos Lugares” porque, como Sábato, necesitaba un refugio para sanar del mundo y sus heridas.

El arte de la invisibilidad está colmado de baches como los que se encuentran en esta historia. Colmado de faltantes, su lectura deja una clara sensación de vacío, de incompleto, de imperfección... siempre falta algo, jamás puede vislumbrarse completamente una historia y cuando se cree hacerlo se lee un párrafo más adelante y se vuelve, irremediablemente a la incertidumbre. Hay divergencias, convergencias, repeticiones, superposiciones, solapamientos, reverberancias y por momentos evaporaciones, cuyo resultado muchas veces roza lo caótico e improvisado. Lambertucci era consciente de este particular, sin embargo no se preocupaba mucho y se justificaba alegando que la vida misma era imperfecta, improvisada y caótica. Que muchas veces carecía de aparente sentido, que estaba colmada de incompletos, repleta de misterios y de vacíos que muchas veces no podían ser llenados.
También es cierto que muchos aseguraban que las omisiones y faltantes que llenaban el arte de la invisibilidad no eran sino la consecuencia de un escritor de medio tiempo, mediocre y distraído, que muchas veces, incluso, parecía quedarse dormido en la mitad de la historia y continuar con otra totalmente distinta, al despertar vaya a saber uno de que malos sueños. 

Si ustedes pretenden que escriba una obra completa y coherente, colmada de lógica, sin baches o faltantes, que tenga un índice alfabético y pueda leerse capítulo por capítulo, de corrido, me están pidiendo que cambie de género y me dedique a la ficción... y la ficción, muchachos, la ficción está en los diarios... la ficción, muchachos, se la dejo a ustedes... así que háganme y háganse un favor y no me rompan más – problemas de impresión- y váyanse a -problemas de impresión- . Gracias.”

La frase pertenece a Roberto Lambertucci, antes de dar un portazo de despedida que hizo temblar los cimientos de un periódico de ciudad y retirarse de una de las pocas entrevistas vinculadas al arte de la invisibilidad a las que accedió.

30 abril, 2011

te hemos comprendido...

te hemos comprendido...


Querido y remoto muchacho (fragmento) - Abadddón, el exterminador - Ernesto Sábato.

Pero sí, oirás de pronto esa palabra - como ahora -, donde esté Pavese oye la nuestra, sentirás la anhelada presencia, el esperado signo de un ser que desde otra isla oye tus gritos, alguien que entenderá tus gestos, que será capaz de descifrar tu clave. Y entonces tendrás fuerzas para seguir adelante, por un momento no sentirás el gruñido de los cerdos. Aunque sea por un fugitivo instante, sentirás la eternidad. [...]

[...]aquel llamado de las trompas atravesó los tiempos y de  pronto, vos y yo, abatidos por la pesadumbre la oímos y comprendemos que, por deber hacia aquel desdichado tenemos que responder con algún signo que le indique que lo comprendimos. [...]

Relatado por el autor: Querido y remoto muchacho
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Se nos fue el Maestro... y se fue sin el nobel de la dinamita, pero se llevó el Nobel de la gente que lo quiso por su pensamiento y sus palabras.

Gracias Ernesto... me quedé con las imperdonables ganas de regalarte El Principito.

20 enero, 2011

chau gordo querido...

Chau Gordo querido... :´(

20 de Enero de 2011
Fallece "el gordo" (Dr. Jorge Alberto Barracchia)
Trenque Lauquen de Duelo.

15 enero, 2011

Primera carta

Primera carta

Querido Hernán:


Hace tanto que partí… y sin embargo el tiempo parece abreviarse, por momentos fugarse, como burlándose de mi. Esta búsqueda parece infinita. Ni bien atisbo un resquicio de luz, corro hacia ella extasiada, esperanzada, solo para descubrir que se trataba apenas de una ilusión, un espejismo que se esfuma a centímetros de mis dedos… casi un fantasma que juega y se divierte con mis emociones.

Los primeros desengaños fueron frustrantes y dolorosos, pero me he hecho fuerte y en parte me mantiene aquella frase de Galeano que me hiciste conocer, poco antes de partir:

"La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar." *

Aquí estoy ahora. Una estación de servicio perdida en la nada. Sentada en un cordoncito, observando a la gente que pasa apurada, agobiada por el sol intenso del medio día.

Estoy en viaje, ahora esperando que “el negro” cargue gasoil y repare una cubierta que estalló. El negro es un norteño, de nuestro norte querido. Es un alma noble, de las que ya quedan pocas, que se gana la vida viajando y transportando. Ha recorrido cada lugar de la Argentina, incluso algo Brazil, Uruguay, Chile y Bolivia.

Las almas se enriquecen viajando, dicen, sobre todo las sensibles… es así que la sabiduría de éste hombre, analfabeto y de estrecha lectura, sobrepasa la de cualquier melindroso letrado.

Cuando uno lo mira, su rostro cuarteado y arrugado, sus manos destrozadas por las impiedades del clima y de trabajos austeros se convence que su edad ronda los 65-70 años… sin embargo un brillo en sus ojos apenas visibles, como escondidos detrás de las arrugas y las patas de gallo, cierta frescura en la mirada dan fe de una juventud insospechada.

Hace dos días que estoy viajando con él. Me encargo del mate, reíte, mientras escucho y me enriquezco con las historias que sus labios dejan filtrar. Secretos de su alma, de la vida del hombre.

Está solo, casi no tiene familia. Apenas si tiene un lugar en el mundo. No ha parado de viajar desde aquel verano trágico cuando su mujer y sus dos hijas, Camila y Luz, partieron prematuramente:

- Se acerca – me dice– el aniversario… el 25 de enero… Lucita tendría su edad, sabe? – Su voz se quiebra y una lágrima, algo tímida, se asoma y precipita, dejando una estela brillante en su piel dorada, mientras intenta disimular su llanto secando sus ojos con una estopa algo engrasada.

Cuanta adversidad, Hernán… Cuantas desdichas debe tolerar el hombre. No deja de sorprenderme la fortaleza del ser humano. La vida, obtusa y jodida, no deja de proferirle golpes y doblar su columna con pesos descomunales, pero el hombre, porfiado, aguanta… uno no sabe cómo ni por qué… pero aguanta.

Es maravillosa y milagrosa esa lucha diaria, Hernán, por sobrevivir. El tesón y el ahínco con el que nos aferramos a esta vida. Y resulta también esperanzador, porque uno intuye que debe haber “algo más” que nos hace soportar, algo más grande que el propio hombre… o tal vez se intuye un sentido oculto en medio de todo este sinsentido que nos hace continuar… o quizás, el sentido de la vida esté justamente en esa lucha que llevamos día a día. Como dice un filósofo amigo:

“Los medios justifican los fines” **

No te das una idea del calor. Por suerte, y siguiendo tus consejos y los de Tellería viajo liviana. Apenas la mochila con algo de comida y dos libros que cierto amigo me regaló, que dicho sea de paso también es filósofo y un soñador.


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Me he estado acordando tanto de ustedes, Hernán, y de Eli. Los extraño enormemente.

Estas últimas noches se han colmado de estrellas, como si todas se hubiesen animado a salir a la vez. ¡No sabés los cielos que estoy grabando en mi corazón! El contacto con lo simple de la vida, la proximidad con la naturaleza han alejado un poquito esa razón demencial que no ha dejado de atormentarme, y los sentidos, como afirmaba Wilde, están curando mi alma.

¿Sabés? Hace días que no sueño con arañas…

Ayer me acordaba de aquella vez en que la ríspida crudeza de tu razonamiento te estaba sobrepasando y casi con desesperación, desarticulado como nunca te había visto, pedías a voz perdida un segundo de paz, sin pensamiento… recuerdo que sin interrumpirte, te besé.

¡Hubieras visto tu cara, Hernán! Nunca te vi tan pálido, y a la belleza que te es natural se sumó la belleza de un hombre que se permite sentir… sin pensar por dos segundos.

Te quedaste helado, sin palabras, sin pensamientos y yo me moría de la risa.
Ja… ustedes los napoleónicos hombres, no hacen más que jactarse de su intrincado y hondo pensamiento que todo lo abarca y devela, de sus teorías que explican cada cosa y sus enormes proyectos… pero todo eso se derrumba ante un solo beso. Ese poder tenemos las mujeres. Ese terrible poder que fue la causa de que se nos despreciara bíblicamente.

Y yo ya ves… sigo buscando, nutriéndome de la vida misma como nunca lo había hecho. Recordándolos y recordándome.

Bueno, Hernán, tengo que dejar de escribir. El negro me está haciendo señas, seguimos camino, no se hacia dónde.

Mandales un beso a los muchachos, y un abrazo enorme a mi hermanita. Deciles que los extraño enormemente.

Te quiero mucho, Hernán. Laura.

P.D.: Ayer en una casa que visité había un jazmín celeste, sin darme cuenta varias de sus flores se pegaron a mi ropa.


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* Eduardo Galeano en el Libro de los Abrazos.
** Los medios justifican los fines: frase harto conocida de Hernán Vellmount

Hernán, los muchachos y Laura mantienen contacto por medio de una serie de cartas que les permite salvar las distancias. En ellas, entre imágenes y nostalgias, Laura va revelando poco a poco fragmentos de su viaje, de su búsqueda.
El dr. Lambertucci ha recopilado todas esas cartas que han pasado a formar parte de sus crónicas.

10 enero, 2011

2.

2.


2.

La flor azulada
Refresca con su belleza
Un hombre llora.


Baúl de Haikus - Adolfo Lescano

04 enero, 2011

En el oeste

Miradas solidarias

El día ya había empezado su cíclica decadencia.
Con el sol tendiendo al horizonte, a nuestra izquierda, éramos apenas un par de luces
entre tantas otras luces por la ruta 33.
Dos pequeñas, como tantas otras, que febriles e inquietas juraban mantener vivas esas contorsiones, proteger esas curvas y contra curvas, cuando el manto añejo de la absoluta noche cubra cada relieve y cada resquicio.
Un río intermitente de faroles, que vienen y van. Así nos deberíamos ver desde lo alto.
Pero en lo bajo, en lo más bajo y desde cerca, incluso por dentro de cada par de luces estábamos nosotros, los hombres. Con nuestras pequeñas o inmensas existencias, con nuestros miedos y nuestras certezas. Justo ahí abajo, tal vez sin saberlo estábamos los hombres.
Poco se de las utopías, apenas de la vida, de quien corre adelante mío. Tampoco se su rumbo, a veces lo intuyo por los cambios de velocidad y la proximidad de algún camino. Pero poco se de ese hombre.
Y lo cierto es que nada sabe de mi, salvo lo que puede percibir en las dos o tres miradas a través del retrovisor.
Transitamos frenéticamente en nuestras armaduras metálicas, en cuyo centro un corazón con sangre roja y cálida no deja de latir.
Cada quien sigue su rumbo, aunque por momentos se tenga la ilusión de seguir una misma dirección. Apenas son ficciones del camino.
Dos luces se desvían, justo ahora. 
La oscuridad parece brindar seguridad, y los hombres dejan de lado sus máscaras heladas y vuelven a sentir la gramilla en la virgen suavidad de sus pies.
Paso a paso se han acercado a la orilla.
También nosotros lo hacemos como guiados por una fuerza irresistible y mansa que nos arrastra deliberadamente.
Miramos al Oeste.
Muchos otros, en este mismo instante han de mirar en la misma dirección.
Y allí, justo donde se esconde el sol (:-P), la ficción es quebrada y por un fugaz momento se encuentran, solidarias, las miradas.
En el Oeste.

Adolfo Lescano