24 agosto, 2010

autitos de colección...


No pude menos que sorprenderme ante la propuesta de Vellmount:

- Tellería, agarrá la cámara, que tenemos que ir a una exposición de autos antiguos…

Lo miré de reojo esperando un remate de ironía que jamás llegó…

- ¿Me decís en serio? - Pregunté

- Toda la semana, hasta el domingo 29 de Agosto, de 16 a 21hs., lo organiza la cooperadora a total beneficio del Hospital de Niños… no tenés excusa… - dijo Vellmount con cierta emoción que me era desconocida y un brillo pueril adornando sus ojos ceñudos.

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- Cuando quieras… ¿y dónde es?– dije, todavía sorprendido, conteniendo las mil preguntas que abalanzaban y pujaban por salir desde mi boca.
- En el Dardo Rocha – dijo con voz casi solemne. Yo te invito, así te devuelvo los diez pesos de la otra vez.

Ni bien entramos, me invadió la conmoción que inevitablemente genera el Pasaje Dardo Rocha. El piso como un tablero de ajedrez, la inmensa y la pulcra altivez de las columnas elevándose… En el fondo vi la Figura de López… y ya no pude contener las lágrimas.


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Pronto comprendí la emoción de Vellmount… Se ha adelantado, allí lo veo, inmóvil como un niño, ante la maravillosa exposición, deslumbrado por el cromado de los paragolpes, perdido en la profundidad inmaculada de diversos colores brillantes.

Los autos de colección que veía el Vellmount gris y atormentado eran el salvavidas que mantenía a flote su niñez, al Vellmount sonriente y colorido… porque los autos de colección reavivan indefectiblemente a ese niño que fuimos y que somos, y que a veces olvidamos…

- Permitirse volver a ser un niño por los niños… vaya que merece la pena. – Me dije sonriendo mientras tomaba unas fotos y seguía observando a Hernán niño.


Este texto fue encontrado en uno de los cuadernos del Dr. Roberto Lambertucci, y según se hace mención pertenece a Carlos Alberto Tellería. 
24 de agosto de 2010

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En el mes de agosto desde el 21 al 29 en el Pasaje Dardo Rocha de La Plata (calle 50 entre calle 6 y 7) se llevará a cabo una muestra de autos Hot Rod y Clásicos Americanos a beneficio de la Cooperadora del Hospital de Niños.

Los horarios serán de lunes a viernes 16 a 21 hs., sábados y domingos de 14 a 22 hs.

Los niños menores de 12 años tienen entrada gratuita, los mayores un bono contribución de $10.

20 agosto, 2010

el temido desengaño...

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Adolfo, se que jamás podrás comprender que me marche en el medio de éste amor maravilloso.
Desde niña, siempre tuve la certeza de que sostenía la respiración por esa remota esperanza de amar.
Hace poco, mientras me abrazabas y tus dedos se enredaban juguetones en mi pelo enmarañado, casi en un suspiro dijiste que te había devuelto la certeza del amor.
¿Se tiene acaso una remota idea de lo que significa devolverle a una persona la creencia en el amor? Lo cierto es que creí morir de la ternura.
Hoy te amo como jamás creí y me siento amada como jamás pensé que podrían amarme.


Sin embargo debo marcharme, Adolfo. Tengo que marcharme.
Se que el cristal de tu corazón de niño ingenuo se quebrará.
Se que el dolor de nuestro recuerdo diezmará tus sueños y tus días… pero tengo que irme, Adolfo.
En ese mismo instante en que me abrazabas, en el que creí morir de amor, el temor empalideció mi piel y secó mis labios.
Podría vivir, Adolfo, o morir con la certeza de haberte roto el corazón… pero ni siquiera puedo tolerar la idea remota del desengaño, no me perdonaría jamás ser yo la que vuelva incierta o mate definitivamente tu esperanza en el amor.
Soy inconstante, Adolfo… por momentos un espiral de decadencia y desesperación arrebata mi cordura, me jala, tira de mí, me atrae irresistiblemente…
Soy inconstante, amor, estoy viviendo el mayor de los sueños, pero no puedo resistirme a ese vértigo que me invade y me atrae…
Se que tarde o temprano ese vórtice oscuro se presentará… Y luego…



… luego el desengaño y el desamor… pero esta vez el desamor definitivo.
No puedo permitirme el desengaño, Adolfo…
Te ama por siempre. Julieta.

Esta carta que se encuentra en uno de lo tomos que engloba las páginas de mayor dramatismo del arte de la invisibilidad del cronista y Dr. Roberto Lambertucci.

11 agosto, 2010

[...]

borrar y empezar de nuevo
y empezar pese a quien pese

[...]

Fragmento de Cielo del 69, de Mario

05 agosto, 2010

curar el alma...

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     A veces me resulta intolerable la noción de que la belleza no existe. Que los colores, los aromas, los sonidos, y quien dice que no las formas, sean la mera representación ficticia o real, casi un artificio, que nos hacemos de un universo gris, ajeno y mudo.
     Sin embargo otras veces encuentro en esa interpretación personalísima una invitación divina e irrenunciable al arte. Una invitación a que cada individuo, dentro de sus posibilidades, llene la ausencia de colores, sonidos y formas ese esbozo celestial.
     Irremediablemente me hace pensar, no sin que se me escape una risita ingenua, en un dios generoso. En un dios que no es mezquino, como el que se nos suele presentar. Un dios humilde y considerado que ha plagado su obra de “no culminaciones” dándole la posibilidad al hombre de completarla y perfeccionarla.
     Por ejemplo, ante esta imagen me resulta difícil, sino imposible, concebir que la belleza es solo un artificio, casi un disimulo o un juego mental. Siempre se acusa a los sentidos y se cuestiona su capacidad, o incapacidad, de hacer una lectura rigurosa y certeza la realidad.
     Ciertamente que no lo hacen. Y yo, que no tengo vejaciones cientistas, no solo estoy agradecido sino que lo celebro con toda la algarabía de la que soy capaz. Lo celebro y recuerdo a Wilde, en su Dorian Gray:

Nada puede curar mejor el alma que los sentidos,
y nada puede curar mejor los sentidos que el alma.

     A veces ante la Belleza, esa que se me presenta como tan cierta e indubitable, casi intuyo como Vellmount y me pregunto si la verdadera deidad creadora, cargada de milagros y maravillosa no ha de ser el hombre y que Dios es parte de esa creación sublime y dinámica.


Carlos Alberto Tellería

02 agosto, 2010

como árboles...

integridad vellmount

[...]
después de todo hay hombres que no fui
y sin embargo quise ser
si no por una vida al menos por un rato
o por un parpadeo

en cambio hay hombres que fui
y ya no soy ni puedo ser
y esto no siempre es un avance
a veces es una tristeza

[...]

Fragmento de Como Arboles
Mario*



*Benedetti, por supuesto.