28 febrero, 2010

desmentidas apariencias...

Desde el primer momento en que la vi, supe que detrás de la mirada severa de sus ojos azules, algunas veces como piedras, y que detrás de la austera rigurosidad de su belleza cierta se escondía la tragedia de una persona noble y tierna... era inevitable que me interesase en ella.

Hernán Vellmount

26 febrero, 2010

decepciones

Descubrir que no era tan serio y respetable como pensaba y como me recalcaba, interesadamente, algún que otro jefecito medio pelo, que carecía de esa solemnidad inmaculada que la crítica mediocre me ayudó a construir y creer y de la que me jacté muchas veces, me pareció en un principio una decepción insoportable. Pero con el tiempo comprendí que se trataba, en verdad, de una bendición encubierta: desde ese día soy Hernán Vellmount.

Hernán Vellmount

25 febrero, 2010

Subjetividad

Mientras los leones no tengan historiadores, las historias de cacerías seguirán glorificando a los cazadores.

Eduardo Galeano. El libro de los Abrazos

23 febrero, 2010

virtudes

No hay virtud que por mal no venga
como tampoco hay virtud que no quede sin condena...

Hernán Vellmount

22 febrero, 2010

Narciso


Espejos
La realidad tras la historia de Narciso es mucho más trágica de la que nos suelen contar. Lo cierto es que Narciso al caer al río, mientras se contemplaba en un espejo de aguas mansas, no se ahogó como pretenden que creamos. Sino que Narciso fue reemplazado por su reflejo sin que nadie lo notara o sospechara. Destino común de todos aquellos que se atreven a detenerse frente a un espejo, vidriera o superficie de hídrica. De esa forma, el reflejo, el falso Narciso, vivió la vida que le tocaba al verdadero: fue consolado por su madre, abrazado por su padre, recibió sus méritos, rió junto a sus amigos, bebió su vino, bailó con sus mujeres, alimentó y vió crecer a sus hijos, y recibió los abrazos y cariños de los mismos, envejeció sus años de la mano de su mujer y ocupó la tumba con su epitafio. El día de su muerte,sus conocidos lo lloraron y dieron cuenta de la nobleza con la que había vivido el buen Narciso. 

El verdadero Narciso, como se entiende, estaba condenado a pasar la eternidad del otro lado, en el mundo de los reflejos. Narciso, el verdadero, vivió por medio de su imagen especular… pero nunca vivió su propia vida, esa fue la condena a su vanidad. 


Hernán Vellmount 

19 febrero, 2010

Lenguaje Universal

Tormentita

Hay quienes sostienen que la charla climática es una de las formas del Don de Lenguas de la Santa Biblia: es universal e iguala, más allá del origen o formación, a las personas permitiendo el diálogo. Algunos escépticos y conservadores dilapidan la charla sobre los fenómenos meteorológicos adjudicando que la insoportable banalidad de las mismas es menos deseable que el más incómodo silencio, agregando que las cuestiones casi nunca se constituyen en un verdadero diálogo, siendo a lo sumo meros monólogos, a su vez, banales.
Lo cierto es que el lenguaje universal del clima permite por ejemplo que especímenes de la estirpe más diversa entablen y sostengan una amena conversación mientras coinciden, por ejemplo, en el hueco de un ascensor.
Algunos exagerados afirman que incluso permite la momentánea comunicación entre un hombre y una mujer.


La charla climática suele adoptar la siguiente fórmula:


- Onomatopeya de cansancio o sufrimiento + Afirmación sobre la rigurosidad del clima + cara entornada de sufrimiento y mirada hacia arriba, como invocando la piedad de los dioses.


- Confirmación o negación monosílaba de lo anterior.


Veamos un ejemplo:


- uffff... que calor! - dice Juan con cara de sufrido.


- Si... jajja - Responde ella.

Algunos extremistas defensores alegan que incluso uno puede intentar una aproximación amorosa por medio del lenguaje climático. No dan fe de los resultados en este mundo donde el romanticismo y la poesía ya no deslumbran a nadie, dicen.

Citan el siguiente ejemplo:

El sube en el piso 13. Ella en 11.
En el piso 10 él dice, con cierta timidez:

- Hola... 

- Hola - Responde ella sin voltear, mientras mira la cuenta regresiva de los pisos.

- Que calor... mucha humedad - Dice Juan, tocándose la frente.

Ella apenas asiente y hace una mueca ambigua con la boca.

- Un calor y una humedad infernales, serían insoportables de no haberme cruzado con la brisa fresca de su mirada, srta. - Arriesga él.

Ella lo mira, pone su peor cara de asco y dice:

- Si no quiere que la brisa fresca de mi mirada se convierta en los vientos huracanados y en la tempestad de mi enfado olvide que me ha visto.




Al llegar a planta baja, se abrió la puerta y Juan R. Martinez bajó solo del ascensor, quedando éste vacío...




Agradecimiento: 
Agradezco la colaboración, tal vez involuntaria, en la comprensión de la importancia y la universalidad del lenguaje climático a una mujer hermosa con la que, logicamente, hablamos sobre el clima... :-P

18 febrero, 2010

Mejores amigos

Me da tremenda pena el hombre que dice, no sin cierta jactancia: "el perro es el mejor amigo del hombre"…
No ha conocido la amistad

Hernán Vellmount

17 febrero, 2010

búsqueda del sol...


Break point


El anhelo casi irrefrenable de atardeceres y amaneceres, esa procesión vespertina, casi religiosa a la terraza a esperar el ocaso.

Esa búsqueda incesante del sol de la que se me acusa y de la que felizmente me declaro culpable, no es sino el anhelo de una chispa de luz en ésta remota e inmensa oscuridad... otra de las consecuencias de la incansable búsqueda de la verdad. 


Adolfo Lescano

16 febrero, 2010

Retorno

Retorno

Siempre retornamos. Retornamos sobre nuestros gustos musicales, sobre las fotografías que sacamos, sobre las poesías que escribimos, sobre los libros que leemos o citamos, sobre las reflexiones que rumiamos. Vamos más allá y retornamos una y otra vez a las mismas mujeres, sobre los mismos amores, para retornar a los mismos desengaños, retornamos sobre nuestra nostalgia, una y otra vez retornamos. Retornamos al atardecer que siempre retorna. Retornamos al silencio. Retornamos a nuestros orígenes, a nuestras raíces, a nuestros recuerdos. Retornamos sobre nuestros errores, a nuestras decepciones, retornamos a nuestras traiciones. Siempre retornamos. Finalmente retornamos al lugar de donde ya no habrá retorno. La mayor ironía es que el retorno es imposible.

Hernán Vellmount

15 febrero, 2010

Seres alados

Seres alados... 4345629253_b1cf8d705c_m

Cierta vez Fabricio Nogueira estaba metido hasta las rodillas en un río, manteniendo un fragil equilibrio sobre unas piedras musgosas. Estaba con la cámara en la mano, se había acercado para hacer unas fotos de unos caballos que se arrimaron a la orilla contraria para tomar agua.
Estaba algo escondido detrás de una piedra bastante grande, que cubría su presencia de la vista de los animales. En la base de la piedra había unos pastos secos que sobresalían del agua.
Lo cierto es que hizo varias fotos.
En determinado momento sintió un ruido que lo alarmó. Era con certeza algo que se movía, pero no estaba seguro de cual era la fuente.
Miró urgente los pastos, pues pensó que quizás era el ruido de alguna víbora. Pero nada, no encontró el origen de sonido.
Siguió sintiendo el ruido como un reproche.
Agudizó el oído y comprendió que era el ruido de unas alas golpeando enérgicamente contra el agua.
Buscó y rebuscó hasta encontrar el origen.
Era un alguacil que había caído en el agua y estaba atrapado en un remolino diminuto que se formaba luego de una piedra.
Era un insecto de una altísima belleza, con un colorido como Nogueira poco había visto: un torax, abdomen y cabeza negro-azulados, con rayas de un verde intenso y unos ojos compuestos tan grandes y tan amarillos que eran una verdadera delicia. Era casi perfecto. Sin embargo sus alas estaban destrozadas: ya no podía volar. Estaba condenado a la muerte, que no tardaría en llegar.

- Cuando perdemos las alas los sufrimientos se multiplican enormemente, eh amiguito!. - dijo esbozando una sonrisa.

Agregó con tono serio:

- Por eso estoy acá, para ser testigo y testimonio de tu belleza cierta.

Tomó un palito y delicadamente lo fue guiando hasta la piedra más cercana. El bicho se aferro con gran dificultad a la austera superficie. Una vez que sus patas, las seis, estaban en superficie firme, caminó torpemente. Era lógico el esfuerzo: estaba preparado para volar, no para caminar o arrastrarse.[[Son indecibles los sufrimientos a los que se expone un ser volador, cuando por diferentes razones pierde sus alas.]] Aleteaba, cada tanto, con todas sus energías en un intento de secar sus alas destrozadas.
A pesar de la lástima que le generaba a Fabricio, el bicho siguió como casi indolente a sus alas rotas... Incluso parecía disfrutar del calorcito que brindaba la piedra. Dos o tres veces cayó al agua... como si lo hiciera voluntariamente para refrescarse.
En determinado momento dirigió sus múltiples miradas hacia Fabricio, y allí permaneció inmóvil por un largo tiempo.

Nogueira tomó ese gesto como una señal de agradecimiento, y dijo:

- No hay por qué, amiguito, después de todo no somos tan distintos.

Se quedó helado ante sus propias palabras.

-¿De tanta obsesión y devoción por los insectos me volví uno de ellos?... ¿qué fueron esas palabras? ¿por qué no me volví una flor, por las que tengo tanta o más devoción? ¿cual es el significado de esas palabras? - No dejaba de preguntarse, estupefacto, Nogueira.

Fue descifrando, poco a poco, el significado de aquellas palabras propias.
Masticó cada reflexión por largo tiempo y en un momento dijo, con los ojos abiertos de asombro:

- Yo también perdí a las alas hace tiempo.

Hizo unas fotos del insecto rápidamente, lo dejo en tierra firme a su suerte y corrió a encontrarse con Vellmount y Lescano.

Estando ya los tres amigos, Fabricio dijo:

-   Hernán, hace tiempo perdí mis alas... o quizás renuncié a ellas por que son de un lastre insufrible que hace casi imposible el ser humano.

Hernán sonrió, confirmando la perfección y belleza de la metáfora ante la que estaban, Fabricio amparado por este gesto, continuó:

- Soy, y somos, seres de naturaleza celeste, que renunciamos a ella. Renuncio a mis alas para ser un hombre, un ser terrestre. No me importa la eternidad si eso implica el renunciar a ésta amistad, a las flores, a los insectos, a cada cosa mundana que he aprendido a querer. Los males se incrementan exponencialmente para los celestes caídos... pero se que puedo sobrellevar esas miserias con la belleza que he descubierto en cada cosa, pero sobre todo con el soporte de esta amistad que estamos forjando. Ahora, de lo contrario no estoy tan seguro... no estoy seguro de tolerar una eternidad sin tus poesías, Adolfo, o sin tus pensamientos Hernán... no se si soportaría la eternidad sin la maravillosa fugacidad de una rosa china, sin el canto de los pájaros al amanecer...

Los ojos de Hernán se llenaron de lágrimas, que no intentó contener. Lescano fue más discreto en su emoción.
Ambos se levantaron, presos de un irreprimible frenesí, y abrazaron fuertemente a Fabricio.

-Hace tiempo perdimos las alas, querido Fabricio… hace tiempo que renunciamos a la eternidad y aceptamos el milagro y la maravillosa responsabilidad de ser hombres – Pensaba Hernán, mientras una lagrima casi anónima rodaba por su mejilla.

13 febrero, 2010

una porción de pan...

Aunque sean los motores de progreso importantes para hombres de cierta tendencia espiritual, los buenos deseos y las intenciones más nobles, por ciertas que sean, no conmueven al hombre que carece de Fe(1). Este es incapaz de comprometerse sin percibir: necesita palpar y sentir cada uno de los cinco Estigmas.

Si los deseos más nobles y un casi extinto altruismo, muchas veces ingenuo y autolítico, solo lograron que la situación empeore se hace, inminentemente, necesaria la presentación de obras concretas, por simples que éstas puedan parecer. 
Desde un punto de vista, pragmático y cierto, es el gustar la porción individual de pan el verdadero milagro que el fiel necesita para creer, relegando a un segundo y anónimo lugar a la exuberante multiplicación que calmó el hambre de todo un pueblo.

(1) Recordemos que Vellmount abandonó el cristianismo al primer atisbo de razón, es decir una muy temprana edad. Así cuando habla de Fe, lo utiliza en forma amplia, no limitándolo a la religión. Más bien se refiere a la Fe en el hombre, concepto que coincide con el papel central que Vellmount le atribuye al ser humano en "un cristianismo más humano", un texto inconcluso del pensador. También se encuentra una reflexión similar en sus "notas sobre la Santa Biblia".

Hernán Vellmount

12 febrero, 2010

Determinantes del comportamiento




"El niño es el ser humano no domesticado, virgen de toda culturización y socialización. Ni la sociedad, ni los adultos, ni la iglesia han vertido su veneno. No hay inhibiciones, no hay preconceptos, no hay vergüenzas, no hay expectativas ni culpas... solo naturalidad. El niño es el ser humano en estado natural: es lo que es… y no lo que esperan que sea"


Fragmento de un texto de Hernán Vellmount.

10 febrero, 2010

alas





"Hace tiempo que perdí mis alas... o quizás renuncié a ellas porque son un escollo insufrible, que entorpece enormemente, hasta volverlo casi imposible, el ser humano". 


Fabricio Nogueira

08 febrero, 2010

Manos, una obsesión

Manos
Es bien conocida la obsesión de Vellmount por las manos. Tambíen es de conocimiento público que el pensador solía pasar horas mirando las manos de artistas, principalmente de aquellos que trabajaban la madera y la arcilla. También solía tener la excéntrica costumbre de detenerse en las construcciones y pedirle a los trabajadores que lo dejaran observar y dibujar sus manos. Lo cierto es que muchas veces, aquellos hombres acostumbrados al trabajo pesado y a las asperezas de la vida fruncían el ceño y lo miraban con una incómoda reticencia.. Para vencerla, Hernán solía cargar con una carpeta con varios dibujos de manos realizados en hojas canson Nº5. En las vacaciones, cuando visitaba pueblos con cultura minera, solía recorrer solitario, las afueras en busca de manos cuartadas por la piedra, el sol, el viento y el agua. También fue un asiduo visitante de la cueva de las manos, donde estudió con detalle cada huella, en busca de rasgos particulares que pudieran hablarle sobre aquellas civilizaciones.

El rostro y las manos, son los más fieles testigos del paso del tiempo, este se imprime en ellas, en sus arrugas, en sus quiebres, en sus erosiones. Si uno es atento puede leerse en ellas la vida humana.

- Las historias más sorprendentes me han sido reveladas por la observación detenida de los seres humanos y jamás por sus labios acostumbrados a mentir. Cuanto más desapercibida pase la observación, más espontáneo y natural será el individuo observado. Sin embargo, ni siquiera en la soledad más absoluta marchamos sin máscaras por la vida, ya que el pudor original y la mirada inquisitiva o paternal del dios nos persiguen a todas partes. Nadie está lo suficientemente solo jamás, por mucho que lo desee y lo busque. Es así que la hipocresía o la mentira tiñen nuestros actos desde aquel Eden originario, donde el hombre quiso ser tal cual le salía, quiso obrar por su cuenta, siguiendo sus razones o sus pasiones… aunque se equivocara. Desde aquel entonces la institución fomenta la abolición de toda expresión propia, original y espontánea, e infunde, por medio de una técnica nefasta, un servilismo pasivo en sus fieles. De la misma forma, la sociedad toda por medio de sus estándares, muchas veces inalcanzables, dicta lo que es deseable: lo que no encaja dentro debe ser destruido, olvidado o al menos disimulado. Es así que mostrarse sin dobleces, ser libre, espontáneo, tener libre pensamiento y actuar según las propias convicciones es considerado de la mayor falta de educación por esta sociedad. Las personas que lo han intentado han sufrido terribles consecuencias que van desde la más discreta difamación al exilio más brutal, el de la desaparición en el olvido.

¿Cómo eludir la mentira y el engaño y observar al hombre en su estado natural?
Vellmount decía que para lograrlo uno debía dirigir su mirada a los niños y locos.

- Los niños todavía no tienen el concepto de dios, ni conocen las normas que rigen la sociedad, por lo cual están en cierta forma exentos del pecado original y del contrato social. Los locos,bueno, algunos son dios y todos dictan sus propias reglas. 

En otras situaciones, afirmaba el pensador con una risita irónica, podían extrapolarse las conductas desde animales “inferiores”, con algunas modificaciones lógicas y esperables. Esto era válido, según decía, principalmente para los rituales de copula y las conductas de dominación:

- Aunque a muchos le desagrade, lo cierto es que el lider natural de cualquier grupo de gente no se diferencia mucho del macho alfa de una manada de leones, y muchos hombres, en su ritual de copula, no se diferencian en nada de un pavo real… - Decía Vellmount, ya con una risa manifiesta.

Y seguía:
- A pesar del engaño tramado por el cerebro y ejecutado por la boca, y por todo el cuerpo, hay escuetos signos de verdad que no pueden disimularse: el ritmus de los labios, los movimientos involuntarios de ojos y las manos se mantienen rigurosamente en la verdad. El lenguaje corporal, contrariamente a los hombres, casi nunca miente. - Explicaba Vellmount.

Quizás ésta, era una de las razones en las que se fundaba su obsesión por las manos.

Solía dibujarlas en donde tuviera posibilidad, solían ser manos castigadas de tanto trabajo, o las manos de algún tallador de madera con el cincel. Casi nunca dibujaba manos femeninas, solo las contemplaba.
Solía guardar los dibujos entre las hojas de un libro, como quien guarda una flor para conservarla del paso del tiempo y los elementos.

Pero Vellmount fue más allá con su obsesión, haciendo de las manos algo imprescindible para vincularse con una mujer.

Afirmaba:

- Antes de preguntar su nombre besaba sus manos y sus ojos, solo después rozaba sus labios… Jamás pude enamorarme de una mujer sin antes conocer cada recóndito recodo de sus manos y sus ojos.

El pensador había rechazado a varias mujeres popularmente deslumbrantes, alegando que sus manos no eran estéticas:



- Una rubia podrá fingir sensualidad y belleza, incluso inteligencia o nobleza, pero jamás podrá fingir unas manos estéticas. La belleza física, pero sobre todo la nobleza y la altura espiritual, de una mujer no solo es directamente proporcional a la belleza y armonía de sus manos, sino que es directamente determinada por esta… o viceversa. Una mujer aparentemente hermosa con manos poco estéticas, no tienen que ser estrictamente hermosas, sino estéticas, es una contradicción cierta que nos debe alertar sobre el engaño en curso. Ante esta situación, mi consejo querido amigo: ¡corra despavorido sin mirar atrás! – decía Vellmount ante la estupefacta e incrédula mirada de varios observadores escépticos.



05 febrero, 2010

"Los medios justifican los fines..."

Hernán Vellmount

04 febrero, 2010

reemplazos fotográficos








Nunca le habían gustado las fotos, incluso miraba con un resentimiento febril las que su madre le había tomado de niño, y que muchas veces le obligaba a tomarse frente a determinados eventos, familiarmente importantes. 
Solía decir con esa voz de madre:

- Pero Fabri… si salís hermoso en todas las fotos. 

Lo cierto es que a Fabricio el principio estético de la fotografía no le importaba, como al parecer primaba en su madre. Era la fotografía en si, sus consecuencias sobre las personas, las que le generaban el rechazo. 

Recordaba con seriedad la creencia de algunas tribus que consideraban que la imagen de la persona en la foto no era sino el alma de la misma que había sido sustraída y secuestrada por la cámara, condenándola por todo una eternidad fugaz a una prisión de 1-2 mm de espesor. 

Por otro lado consideraba que nadie era espontáneo en el momento de la foto: miradas oportunas, horrorosas y artificiales risas de ocasión, irrisorias posturas antinaturales… en fin: en una fotografía nadie es quien dice ser. 

Por lo tanto, si es verdad que la cámara roba alma, durante el proceso de la fotografía se sustrae y se condena un alma ajena. 
Este pensamiento repugnaba a Fabricio.
- Si nadie es quien dice ser… la fotografía es una ficción, no es real. Por lo tanto no habría diferencia entre fingir ser alguien que no se es y reemplazar nuestra presencia física por la de otra persona. El engaño sería casi el mismo.- Se decía para si mismo Fabricio.
Es así, que frente a la imposibilidad de negarse a ciertas fotografías cambió el fingir por el reemplazo, a sueldo, de si mismo por otra persona. 
Comenzó buscando dobles, es decir personas cuya apariencia externa era similar con la suya propia, y que sobre todo poseían rasgos faciales similares. Las pruebas con estos sujetos fueron desalentadoras. Los retratos eran tan iguales a Fabricio que todos dudaban de autenticidad. Por otro lado, en los distintos retratos se complicaba, hasta volverse una tarea casi colosal, conseguir al mismo doble. 
Así fue que comenzó a buscar a reemplazantes que no se le pareciesen tanto. Inicialmente las diferencias eran sutiles y los resultados fotográficos seguían siendo poco felices. 
Con el correr del tiempo llegó a contratar dobles que no se parecían en nada a su persona. 
Sorprendentemente las pruebas preliminares arrojaron resultados prometedores: los más distintos brindaban las fotos más creíbles.

Vellmount se encargó del diseño de un estudio ramdomizado doble ciego para corroborar los resultados. 
A los integrantes distribuidos aleatoriamente en dos grupos se le presentaban 30 fotos: 5 de Fabricio con una etiqueta que decía Fabricio, 5 de Fabricio con una etiqueta que decía reemplazante Nº XXX, 5 del reemplazante con una etiqueta que decía Fabricio, 5 del reemplazante con una etiqueta que decía reemplazante, y 10 fotos con Fabricio y el reemplazante juntos + 10 etiquetas sueltas que decían Fabricio y otras tantas que decían Reemplazante. 
La consiga consistía en reconocer a Fabricio cuando era Fabricio y al Reemplanzante cuando era el Reemplazante. De esa forma el estudio evaluaba la eficacia del reemplazo fotográfico con una persona totalmente distinta. 

Lo cierto es que no hubo diferencias significativas entre los grupos y casi ninguno de los 100 participantes del ensayo pudo diferenciar con certeza en las fotografías a dos personas completamente diferentes, los resultados eran sorprendentes: 

Siempre se trataba de Fabricio o siempre se trataba del reemplazante… 

Del mismo estudio Vellmount deriva otras conclusiones secundarias que eran merecedoras de ser validadas en estudios adecuadamente diseñados. 

Quizás la más contundente fue que nadie conocía con certeza a Fabricio. 

Ya validado científicamente el artilugio, fue puesto en marcha. Tenía como ventaja evitar una complicación esperable de los dobles exactos: su escasa disponibilidad. Era muy difícil conseguirlos para cada ocasión en los distintos periodos de la vida, y cuando se lo conseguía ponían precios exorbitantes. 

En cambio, un doble totalmente distinto se conseguía siempre y por precios más que accesibles. 

Así es que en la foto de los 16 años era morocho, con ojos marrones y piel clara. A los 18, en la libreta de la facu, era colorado, con la piel blanca como la nieve y con pequitas en la nariz. Cuando renovó el carnet de conducir su aspecto es el de un afroamericano con piel casi chocolate, con pelo rizado y cutis perfecto. En la foto con su última novia, es rubio con ojos azules como el cielo. En la foto de navidad de 1938 es albino, y sus ojos rojos son el comentario de quien la observa. En una foto en Capilla del Monte de noviembre de 1938 es una morocha exuberante, de prodigiosas medidas, con un escote que sigue provocando síncopes a quien se detiene a ver. 

La consecuencia imprevista, o tal vez buscada, de los reemplazos fotográficos fue que con los años casi nadie era capaz de reconocerlo, o, lo que es lo mismo, lo reconocían en todas las personas…. 

Más dramático aun es que con los años el mismo Nogueira había empezado a olvidar su aspecto. Llegó el día en el que tuvo la casi certeza de no ser nadie, por lo cual estuvo seguro de ser, potencialmente, todos los hombres.

- Así fue que empezó a planear su propia desaparición. Más tarde vendría la búsqueda de la cotidianidad extrema que finalmente culminaría con la invisibilidad. Así empezó el arte de la invisibilidad.- Dice Vellmount, no sin cierto orgullo.


Comentario sobre Fabricio Nogueira, el coleccionista de insectos, escrito por Hernán Vellmount.

03 febrero, 2010

despintando al príncipe azul...




Este texto de Eduardo Galeano fue encontrado marcado en el Libro de los Abrazos de Hernán Vellmount. En uno de los márgenes decía: incluído en "despintando al príncipe azul", junto con Bar VII (Bar del infierno de Dolina) y Correcciones de San Valentín del mismo Vellmount. Según se cree hace referencia a un ensayo con ese nombre, que se ha perdido en el tiempo y en olvido, algunos creen que nunca vio la luz. Donde el pensador da su opinión, podemos imaginarnos que es un intento de desmitificación, sobre el constructo social y cultural del príncipe azul, hoy en decadencia, la media naranja, el alma gemela, el amor a primera vista, entre otros tópicos ... 

Seguiré revolviendo en cajones y recovecos para ver si encuentro los cuadernos rivadavia tapa dura en los que fueron, seguramente, escritos.
Este fragmento fue encontrado en el pie de la misma página:


"la causa de la coloración azulada de este ser ficticio ha cambiado con el transcurrir de los tiempos y las gentes. Hoy en día, y lejos de todo romanticismo, pareciera que esa coloración se debe más a un estado morboso y terminal, seguramente afectado por patología pulmonar o cardiaca que anuncia su próximo deceso, que a la original e inmaculada nobleza descendente, que vaya a saber por qué misterioso pigmento coloreaba al noble haciéndolo deseable a cada mujer, diferenciándolo del rozagante vulgo".


Vamos al texto de Galeano:
Teología/1
El catecismo me enseñó, en la infancia, a hacer el bien por conveniencia y a no hacer el mal por miedo. Dios me ofrecía castigos y recompensas, me amenazaba con el infierno y me prometía el cielo; y yo temía y creía.

Han pasado los años. Yo ya no temo ni creo. Y en todo caso, pienso, si merezco ser asado en la parrilla, a eterno fuego lento, que así sea. Así me salvaré del purgatorio, que estará lleno de horribles turistas de la clase media; y al fin y al cabo, se hará justicia. 



Sinceramente: merecer, merezco. Nunca he matado a nadie, es verdad, pero ha sido por falta de coraje o de tiempo, y no por falta de ganas. No voy a misa los domingos, ni en fiestas de guardar. He codiciado a casi todas las mujeres de mis prójimos, salvo a las feas, y por tanto he violado, al menos en intención, la propiedad privada que Dios en persona sacralizó en las tablas de Moisés: No codiciarás a la mujer de tu prójimo, ni a su toro, ni a su asno... Y por si fuera poco, con premeditación y alevosía he cometido el acto del amor sin el noble propósito de reproducir la mano de obra. Yo bien sé que el pecado carnal está mal visto en el alto cielo; pero sospecho que Dios condena lo que ignora.





El Libro de los Abrazos, Eduardo Galeano.

02 febrero, 2010

Acceso principal




Acceso principal

No se bien cuando sucedió. Pero en determinado momento el arco de trenque empezó a ser una alegoría o una metáfora del regreso. Empecé a ver con mayor frecuencia, o al menos recordarlo, el lado que da la bienvenida y casi nunca el que desea buen viaje, tal vez por negación o desesperación. 

Pero lo cierto es que para los que ya no estamos en nuestro Trenque hay pequeñas señales, que quizás por un pudor infantil o por un orgullo maduro percibimos en secreto y desde la soledad de nuestro asiento. 

Todo empieza temprano, bien temprano. 

Siendo el primer signo irrefutable, que anuncia la partida, la espera en la terminal. Hace poco revisando la metamorfosis, de Kafka, encontré con sorpresa un texto, escrito con lapiz en una de las hojas en blanco del libro. Era sin lugar a dudas una reflexión sobre el regreso, al final se confirma: 

Empieza así: 

¿Me pregunto cuales son aquellas cosas que me atan a lo que verdaderamente soy? 

Desarrollaba una reflexión sobre las raíces y culminaba diciendo: 

Hoy vuelvo, aunque sea momentáneamente, a mis raíces… hoy vuelvo a ustedes, pero sobre todo hoy vuelvo a mi.

Ese vínculo indisoluble entre el ser actual y el lugar donde transcurrió el nacimiento, infancia y adolescencia francamente me conmovió. 

Era una reflexión propia, cuando todavía optaba por la soledad en la terminal. Debo confesar que hoy casi nunca estoy solo, aunque eso no signifique que he cambiado tanto y he pasado a disfrutar de las multitudes. En aquel tiempo, hace años, estar solo permitía la reflexión y el pensamiento. La presencia de algún individuo de los que me eran conocidos entonces implicaba casi automáticamente la abolición del pensamiento y la adopción de una charla banal y una actitud hipócritamente alegre, evasiva. Hoy en días mis amigos, los que me acompañan, no generan esa anestesia, sino que la compañía se enriquece con reflexión. 

Luego de la salida de la plata, todo transcurría entre sueños y una oscuridad caótica y confusa que tornaba irreconocible el escaso paisaje visible que se perdía en la oscuridad de la noche. 

Luego de varias horas de incertidumbre, venían las certezas. 

Luego del peaje, la silueta lejana del Faro era el indicio inequívoco de que ya estábamos cerca, ya estábamos llegando a casa, certeza que era reforzaba por la fábrica de la Serenisima sobre ruta 5. 

Finalmente y casi en un frenesí vertiginoso venía la curva (actualmente la rotonda) y el arco de bienvenida a la ciudad. Ese Trenque Lauquen enorme era la certeza final: estábamos en casa. 

Por eso, me parece oportuna como primer foto, una que retrate esos signos que con nostalgia construimos y que aprendimos a querer los que nos fuimos, pero que cada tanto solemos regresar al lugar donde se gestaron muchas de las raíces que hoy nos definen como personas.

Diego A. Marino