07 julio, 2009

Ensueño

Llegó casi sin nombre inundando el departamento con su esencia y alegría.

Casi me obligó a salir amparada en esa convicción casi irresistible, que roza lo inmoral y bello, que tiene una mujer inteligente.

Caminamos con rumbo hacia ningún lado, ella perdiendo la mirada en la bruna de la noche. Parecía inhalar el mundo en cada respiración.

-Hoy es el día más lindo.- Susurró mientras la mirada de reojo, con una mezcla de escepticismo y encanto.

Las luces eran fugaces, pues su manto claro se perdía a poca distancia de su fuente dibujando un halo luz purísimo.

Las nubes bajas se mezclaban con la bruma, y parecían llevar el apremio dulce de un suspiro.

Nos detuvimos cerca del teatro, un olor dulce y penetrante me llegó desde la derecha, de un grupo de chicos sin nombre.

Miramos hacia arriba y la nubes apuradas, en su paso dejaban entrever la silueta plateada y perfecta de la luna, escurriéndose como metal fundido y caprichoso entre las ramas ralas de los árboles de invierno.

-Vamos hasta Moreno. – Dijo sin lugar a replica.

Seguimos caminando las cuadras que nos separan.

La municipalidad y la catedral estaban bañados con una luz que me pareció nueva y única, la bruma que flotaba alrededor reflejaba parte de esa luz formando una nebulosa lechosa que abrasaba y rodeada a sendos edificios.

Caminamos por Moreno un buen rato.

Emprendimos el regreso.

Llegamos al departamento, entre risas y párrafos.

Sonó música alegre, tal vez algo de cuarteto que bien sabe Dios cómo llegó a mi computadora. Bailamos, nos reímos en la soledad amena.

Comimos algo.

Nos dimos el más dulce abrazo.

Ella se marchó mientras veía su taxi partir.

Despierto, no encuentro evidencias de anoche, solo otro día gris que filtra por las rendijas de la ventana. Todo estaba en orden, un orden maravilloso y algo caótico. Pienso que fue un sueño. Busco la cámara, las fotos ya no están, o jamás estuvieron. Busco en la computadora y la carpeta que corresponde solo contiene las fotos de la tarde.

Comienzo a creer lo del sueño cuando encuentro en el escritorio una foto perdida que todo lo aclara y que aleja la incertidumbre.