24 junio, 2009

Costumbres como ríos...

¡Maldito seas, oh río de las costumbres humanas, pues nadie te puede resistir! ¿Cuándo te secarás? ¿Hasta cuándo seguirás arrastrando a los pobres hijos de Eva hacia mares inmensos y tormentosos en los que apenas pueden navegar los que se suben a un leño?

CAPITULO XVI - Confesiones - San Agustín
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*Esta es la primera de las entradas llamadas "fragmentos" y por medio de las cuales quisiera compartir aquellos fragmentos de textos que considere relevantes. Saludos.


18 junio, 2009

Historias Mínimas

He visto una foto: una rama vestida de otoño que se extiende bajo un cielo azul. Estaba acompañada perfectamente por un texto.




Expando mis brazos simulando que puedo encontrarte en cualquier esquina... 
Me conformaré sólo cuando haya brotado las semillas para nuestra próxima primavera. Todas las estaciones son una excusa perfecta para conjugar lo que tú inspiras. 
Foto y texto: Oscilante


Me recordó, la foto y el texto una vieja historia.

Hace tiempo conocí a cierto hombre que amaba a cierta mujer. Por esas cosas de la vida tuvieron que separase fisicamente. Ella sufría infinitamente más la distancia, la ausencia de cotidianos, y anque el sufría lo sobrellevaba bastante mejor, los hombres solemos sobrellevar mejor el sufrimiento espiritual (no el físico... muchas veces un resfrío es una catastrofe).
Sus lágrimas amenazarón con inundar la ciudad y erosionar el brillo de sus mejillas mustias.
Fue así, que un buen día recibío una carta, sumamente escueta, a lo sumo media carilla. En la carta, escrito con una bic azul y con la letra infantil y desprolija de un hombre muy inteligente, como suele pasar, descifró lo siguiente: 


Luego de pensarlo largo tiempo, comprendo que la distancia por momento es insalvable. Sin embargo le encomendé a los rayitos de sol y a la brisa que te den las caricias que personalmente no puedo. Te quiere.

Fue así que ya no lloró durante su ausencia. Pues los mimos del amado distante, que tanto necesitaba, se extendían, como consuelo y promesa, en la caricia del sol o en el roce de la brisa.
Más tarde volvieron a juntarse. Estuvieron un tiempo, pero lamentablemente una distancia ideológica se abrió entre ellos (él se hizo más racional y ella... ella se hizo aun más cristiana), y esa distancia si que muchas veces resulta infranqueable. Los consumió primero y, finalmente, logró lo que la erosión del tiempo y la distancia juntos no pudieron... los alejó definitivamente y en cierta forma los enemistó espiritualmente.

12 junio, 2009

El proceso - 1era parte

El proceso - 1/2

(fragmentos)

La veo caminar entre la bruma de la mañana.
Sobre sus pasos cansados pesa la mercurial angustia.
Ella no sabe que estoy, que la observo

Escapa del mundo.

Se retrae sobre si misma,
se esconde de lo que tanto daño le ha hecho
Se retrae, se acurruca en un rincón oscuro y solitario
hasta volverse imperceptible.

Está sola.

Ella no sabe que estoy
No sabe que la observo.

Cierra sus ojos.
Llora.
Cierra fuerte sus ojos
Sangra.

Apenas si quiere ver alrededor

Sueña.
Es un sueño libre.
Juega.
Hace equilibrio sobre un cordón
de roca bella.
Sus pasos parecen livianos.
Sin pesos.

Uno de sus pies roza tímidamente
un tapiz de hojas secas que cubre el asfalto como hielo.
Siente el calor de una emoción simple,
Tan lejano en la realidad.
.

09 junio, 2009

Fragmento de un texto inconcluso

Los eventos previos a verla, lo hablado y lo sucedido parecían no tener lógica y claramente a mi entender parecían no convenientes... Pero fueron.

Lejos del arrepentimiento y luego de repensarlo un poco comprendí que cada hecho era necesario y debía suceder... Sin creer en el destino o en Dios volví a descubrir una lógica superior que obra a través de los hombres y sus actos...
Era necesario y conveniente... aunque yo, con mi lógica precaria, creía todo lo contrario. Y claro está que por mucha resistencia que haya puesto, debía suceder y sucedió.

Juro que por momentos me aterra que esa inteligencia, esa lógica superior a los hombres, se llame Dios...

07 junio, 2009

la excepción a la regla?... claro que no...

la excepción a la regla?... claro que no...

Cualquier dato de la foto que pueda identificar
a la persona fue borrado (patente, detalles de la moto, cara).


Una impávida mañana de domingo, gris y larvada.
Lo hinchado en mis párpados y las ojeras acentuadas delatando las dos horas y media de sueño.
Una brisa helada congelaba mi nariz y orejas.
Ambos teníamos las manos torpes de tanto frío, al punto de apenas poder manipular los controles de la cámara.

En un bendito instante de descuido percibo una imagen que me arranca una risa.

Pienso decepcionado en que tal vez esa imagen represente la excepción a un concepto que vengo trabajando desde hace tiempo: cada cosa tiene su belleza aunque cueste encontrarla, el eje fundamental de lo que he llamado “rompiendo los estándares de belleza”.
Pensé que esa hipótesis terminaba de ser derrocada, eso me malhumoró un poco.
Mi mente acelerada, vertiginosamente intentaba salir de los estrictos estándares que condicionan y limitan nuestra percepción de las cosas.

-Ahhhhhh… no puede ser... será una excepción?… - me digo con cierto tormento.

-Jajajjajaj, no te esfuerces en vano… no hay belleza en lo que estas viendo. – Dijo la voz de la contradicción que todo me discute y que tanto me enriquece.

-Vamos, esforzate, desviá tu mirada de lo tradicional y encontrá belleza donde parece no haberla…

-Hacele una foto, hacele una foto… podría ser rey en un desfile de plomeros… jajjaa – se ríe la contradicción siempre ácida y oportuna.

-Shhhh… calla dos segundos…

Más allá del sentido vulnerado de la ética y la estética,
Más allá del sentido de la belleza acorralado y herido casi de muerte,
Uno debe reconocer el coraje y el brío juvenil de unas nachas candentes que se inmutan al frío desalmado de una mañana de domingo.
El ser inmutable a la adversidad y seguir a pesar del frío o lo que sea hasta alcanzar lo deseado es, en cierto modo, una forma de la belleza.


:-P

05 junio, 2009

Belleza y Eternidad...

Belleza y eternidad...

Intuí nuevamente que la belleza absoluta es una especie de castigo temible, una carga casi horrorosa, casi imposible de soportar, que lleva consigo la tragedia hermosa de la perfección condenada a una existencia fugaz de apenas unos cuantas horas o días.

Recuerdo que la primera vez que vi una rosa china, en el patio de casa, casi conmovido por el rojo intenso me quedé helado cuando mi madre dijo, detrás mío, que solo viviría un día. Esa fue la primera vez en la que tuve contacto con ese concepto: la belleza extrema como carga insoportable.

El viernes volvía de la facultad con el paso algo apesandumbrado. Entendiendo que por la forma en la que las nubes estaban iluminadas solo quedaba a lo sumo 30-45 minutos de luz solar. Esa certeza aumentó el tedio porque no llegaría a tiempo para salir en bicicleta. Luego de unos cuantos pasos arrastrados y habiendo descartado la actividad física nuevamente, opté por focalizarme en los eventos próximos, principalmente en la delicada reunión de esa noche.
Fue así que en entre paso y paso, mientras imaginaba las alternativas de la reunión y el tema a charlar, percibí un movimiento cerca de uno de mis pies. Cuando bajé la mirada descubrí con sorpresa que una mariposa, tal vez la más bella que haya visto de tan cerca. Estaba en la calle, sobre el asfalto helado. Con sus alas coloridas abiertas de par en par. Acerqué lentamente la mano, pensando que se iba a volar inmediatamente. Pero no fue así, solo movió magicamente sus alas maravillosas, pero lentamente, como si fueran una carga, y se trepó a mi dedo.
No podía volar ya que apenas podía mover torpemente sus enormes alas. Apenas podía cargar ese peso.
Ahí recordé que la belleza extrema puede ser una carga intolerable. Y pronto supe que estaba muriendo aplastada por ese peso.
Decidí llevarla conmigo. Fue así que caminé hasta la fotocopiadora unas 10 cuadras con la mariposa en la mano.
Fui buscando una latita o una botella para poder guardarla en la mochilla sin dañarla. Pero no pude encontrar ni una.
Ya en la fotocopiadora esperé las imágenes de una tomografía encefalocraneana normal, los dibujos de la correlación neuroanatómica, y el informe de la OMS, del ministerio de salud de Argentina y de México del viernes 8 de mayo sobre la gripe porcina con esa carga preciosa en mis manos.
El chico que hacía las fotocopias y otra persona que esperaba miraron mi mano y a la mariposa que en vano intentaba ocultar y en sus rostros se dibujó una pregunta que jamás vio la voz.
Fue así que llegué a casa. Casi no tenía tiempo y tampoco luz, por lo que supe que debería relegar las fotos.
La puse en la maseta del helecho serrucho, con la idea de que se mantenga fresca cerca en la tierra. Movido por cierta culpa, puse cerca una cuchara de té con miel diluida en agua y otra solo con agua… Tal vez necesitaba algo dulce.
El sábado estuve todo el día en el hospital, al llegar a la noche estaba moviendo sus alas torpemente, con una dificultad aun mayor, en el mismo lugar. Volví a relegar las fotos por la falta de luz.
Hoy domingo a la mañana apenas si movía sus alas bellas, ya no relegaría las fotos. Con la delicadeza y con el nudo en el garganta de quien acaricia a alguien que está por morir, la tomé en mis manos y me dispuse a retratarla.
Su belleza no quedaría en el silencio de una muerte anónima, tal vez destrozada por la rueda de algún auto indolente o por un pie imprudente. No lo permitiría.
Esta es una de las fotos que hice.
Esta fue la segunda vez en la volvía a rumiar ese concepto: lo efímero de la belleza extrema.

Luego de pensar un momento comprendí algo que me hizo esbozar una sonrisa.
Tuve la sensación que la osadía de ser bello es castigada con la fugacidad de la vida y que la osadía de ser inmortal se paga en ella misma, es decir, su precio es la condena a la eternidad.
Comprendí que la perfección y la vida fugaz y la vida eterna son, o bien, una especie de tormento, un castigo a quien desafía las virtudes exclusivas del Dios celoso y cristiano o bien son una forma de equilibrar las existencias de los seres.
Tanto una como la otra llevan consigo una tragedia hermosa. La tragedia hermosa de la belleza inigualable e intolerable que en su fugacidad vive apenas unos días y muere aplastada bajo su propio peso y la tragedia temible y bella de una vida eterna cargada de tormento de la que no hay salida.