08 octubre, 2017

La vida en un estante

Un millón de imágenes se suceden vertiginosamente, palabras reflexiones, fragmentos de libros, autores. Todas ellas como inmersas y rodeadas de una bruma sutil, con tonos amarillos y azules, con luces algo exaltadas, brillantes, incandescentes, imágenes algo difusas pero contundentes, decoradas con el estilo algo vintage  e inconfundible que necesariamente tienen los recuerdos.

Salgo de ese ensueño de segundos.

Es de noche.

Estoy apoyado en la biblioteca, en uno de sus estantes, el que está próximo a la ventana.

Veo frente a mi muchos de los libros que me han acompañado. Miró con un enorme cariño la región de Sábato:

Cómo se alinearon mis tiempos y tus etapas literarias, Ernesto… y cuanto bien me hizo encontrarme con tus libros… o como dice Vellmount, que vos y tus libros me hayan encontrado en el momento justo.

Sabés, sigo llorando y conmoviéndome hasta el tuétanos  cada vez que leo el “canto del General Lavalle.

Acaricio con ternura la fila de libros, algo desordenada y cubierta de polvo. Mi mano se detiene sobre Wilde, el retrato de Dorian Gray.

Con qué crudeza, con cuánto humor e ironía, con cuánta elegancia y agudeza me mostraste la naturaleza del alma del humana, Oscar.

Sonrio con esa sonrisa de enamorado, he llegado a Inventario Uno, de Mario:

Cómo amo tu poesía, como amo tu uruguaya capacidad para traducir en palabras los vericuetos más complejos del amor, la libertad, el exilio, la vida. Como amo el adorno de tu metáfora limpia y perfecta, tus alegorías, tu sensible y cotidiana rebeldía.

Por fin llego, a ese libro infinito, con el lomo desgastado de trasladarlo y releerlo, al libro sin fin del autor sin fin. Me encuentro con el “libro de arena”:

Siempre al leerte sabía que me decías algo enorme, pero a primera lectura no podía descifrarlo… tus letras “estaban pintadas con colores que mis antiguos ojos no estaban acostumbrados a ver”... debió pasar el tiempo y las relecturas, pero sobre todo la vida para poder comprender cabalmente muchas de tus ideas. Hoy vuelvo mentalmente una y otra vez, a veces con una frecuencia que roza lo molesto a tus relatos, Jorge Luis, sobre todo a la utopía de un hombre que está cansado.

Otra vez ese silencio de los cuentos de hadas, ya lo conozco. Se lo que sigue. Sonrío. Estoy ansioso por el reencuentro.

Me siento en el borde de la cama de mi niñez y de mi adolescencia, ellos ya estaban ahí. Nos miramos a los ojos, nos reconocemos, no hubo palabras, no hicieron falta, tampoco reproches, estamos satisfechos.

Me invade el sueño.

13 septiembre, 2017

Dormir al sol

 Hay personas que al leer un libro traducen cada palabra del autor al lenguaje personal. Reescriben el libro. Contextualiza las palabras, dándole un significado particular que tiene sentido y vienen a dar luz en el momento emocional, intelectual y cultural que en ese instante transita el lector.

En cambio otras leen textualmente. Respetan a rajatabla cada palabra del autor, sin ejercer ningún proceso mental o juicio sobre las mismas.

El ingeniero Ignacio Mozetic recurría, de forma caprichosa, a ambas formas.
Quiero destacar que cuando era textual, era verdaderamente textual en su más ondo sentido y hasta en sus últimas consecuencias.

Conocida es la anécdota de la vez que leyó Dormir al sol, de Bioy Casares. Llevó la textualidad a un límite absurdo, casi demencial.

En la foto, vemos al ingeniero Mozetic descansando, luego de una lectura hipertextual. A su lado, desconocemos si Ignacio es el de la derecha o la izquierda, se encuentra Hernán Vellmount que disfrutaba las charlas literarias con su amigo y, quien ademas de ser afín a experimentar cosas nuevas, disfrutaba de sobremanera las siestas al sol.

Roberto Lambertucci

13 febrero, 2016

No existen los absolutos en medicina

No debemos olvidarnos que no existen los absolutos en ninguna área de las ciencias o las artes, mucho menos en las ciencias biológicas como la medicina. A veces caemos en la ilusión y el facilismo de considerar definitivo el valor una prueba diagnóstica. Quizás la anatomía patológica (1) sea uno de los elementos diagnósticos más precisos y evidentes. Sin embargo muchas veces la sobrevaloramos, debemos entender que un resultado positivo nos orienta a un diagnóstico (puede ser positivo y sin embargo no ser el proceso en cuestión) y que un resultado negativo, bajo ningún punto de vista, descarta la condición sospechada. Diversos procesos afectan de forma parcheada a los distintos órganos (2), dejando muchas veces en mano del azar, el hecho de que la aguja (y el diagnóstico) caiga exacta y puntualmente en el milimétrico sitio afectado por la enfermedad.

Si señora, y aunque no le guste lo que voy a decirle, a veces estar enfermos (y otras veces sanos) no depende de usted, no se confunda y tampoco crea que es mérito suyo. A veces, no es más que el capricho del azar...

Víctor Manuel Nogueira

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Manuscrito encontrado entre las notas de estudio de Nogueira padre, de los tiempos en los que estudió medicina.

(1) Anatomía patológica: es decir la evaluación microscópica de la histología (arquitectura) de un tejido sano (histología) o enfermo (histopatología, patología o anatomía patológica) y la consiguiente conjetura fisológica, etiológica y fisiopatológica del proceso salud enfermedad de un determinado paciente.

(2) Afectación parcheada: algunos procesos afecta de forma parcheada un determinado órgano. Por ejemplo, el mieloma múltiple que afecta de forma parcheada la médula ósea; la arteritis de células gigantes (Horton) que compromete de forma parcheada e irregular una o ambas arterias temporales.

24 septiembre, 2015

12 mayo, 2015

La primera tarea de un jinete consiste en no perder las riendas ni los estribos.
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El mundo ancho y ajeno - Ciro Alegría